De visita por los… cementerios

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Cementerio, camposanto, necrópolis, la otra vida, el más allá, el descanso eterno…

Toc, toc. Tocamos madera y seguimos. Todo buen genealogista tiene un lugar vital para investigar. Tiene gracia hablar de vital…

vital. (Del lat. vitālis).
1. adj. Perteneciente o relativo a la vida.

…cuando nos referimos al espacio de la muerte por excelencia: el cementerio.

Nuestra sugerencia es ir a plena luz del día, respetuosos, con un discreto bloc y un lapicero a cuestas. Nosotros hemos ido con nuestros hijos, que se han pasado la mañana correteando. Los inquilinos de este páramo tranquilo también agradecen un poco de alegría. Es tanto lo que se aburren. Bueno, seguimos.

Regala la historia de tu familia

Cuando nos planteamos pedir al Registro Civil una partida de nacimiento o defunción muchas veces nos asalta la duda. ¿Cuándo nació la tía Encarna? ¿Y cuándo murió el bisabuelo Sebastián? No tenemos dato alguno. Sabemos que la tía Encarna era la segunda de seis hermanos, entre el tío Alberto y la tía Secundina. Pero tampoco sabemos exactamente el año en que nacieron ninguno de ellos. ¿Qué nos queda? Ir a verlos donde reposan. Las lápidas son una buena fuente de información genealógica. No te lo imaginabas, eh?

En las sepulturas de los cementerios católicos aparece el nombre completo del finado, su día concreto de fallecimiento y la edad en que marchó de este valle de lágrimas. Hay lápidas ‘supercompletas’ donde consta incluso el año o la fecha completa de su nacimiento. Estos marmolistas en concreto están nominados para los Genealogical Grammy por su valiosa aportación a nuestras investigaciones.

Con esos datos que hemos anotado discretamente en el bloc (tampoco lo hagamos exageradamente ni haciendo fotos, que nos podrán llamar ‘raritos’) ya podemos dirigirnos al Registro Civil de turno para solicitar los certificados correspondientes.

Algunas lápidas aportan información complementaria. Son las que incluyen a “los que no te olvidan”. Sean hijos, consortes o nietos, en algunos casos figuran nombres completos que nos ayudarán en nuestras investigaciones. También se da el caso de que un hijo del finado asume orgullosamente todo el gasto de sepelio, ordena esculpir sólo su nombre en la lápida (“Tu afligido hijo Renato”) y ‘pasa’ de sus hermanos y madre. Mejor no entremos en estas cuitas familiares.

También es interesante un paseo general por los camposantos. Enseguida veremos los apellidos más comunes de la comarca. Y eso nos ayuda a acotar las investigaciones. Debemos preguntar por la zona más antigua del cementerio, donde encontraremos a más de un ancestro lejano.

Algunos cementerios disponen de libros donde consultar y localizar las sepulturas. Estos libros se suelen custodiar en los Ayuntamientos (pueblos pequeños) o en los propios cementerios (capitales de provincia).

El propio Ayuntamiento de Valencia dispone en su página web valencia.es de un localizador de difuntos. Introduces los datos y… voilà! Te indica el año de fallecimiento y un croquis que indica el lugar de la sepultura. Si alguno de ellos levantara la cabeza…


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