Los soldados del s. XIX no merendaban Nocilla

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Tras varios meses de concienzuda investigación y la consulta de un único documento, la familia Picaporte y yo hemos llegado a la conclusión de que los chavales del siglo XIX no merendaban Nocilla. Vamos, que los mozos que cumplían con la patria hace más de 150 años eran más bien menudos, comparados con los actuales jóvenes de la era de internet. Por si hay algún ser humano que no sabe todavía lo que es la Nocilla (¡qué merendilla!) ahí va uno de los anuncios de mi época escolar.

Ya lo decía el Diario de León en noviembre de 2011. La altura media de los españoles ha aumentado 11 centímetros en el últimos siglo. Eso es más que ponerse de puntillas y con el cuello estirado. El artículo periodístico en cuestión hace referencia a un estudio del CSIC, el Consejo Superior de Investiaciones Científicas. Nada menos que el mayor organismo público de investigación de España y el tercero de Europa. Los hombres de la bata blanca, el microscopio en un bolsillo y la lupa en el otro.

Nosotros, que somos más de andar por casa, lo hemos deducido con el siguiente documento. Se trata de la “relación de los mozos declarados soldados y suplentes y de los reclamados para ser reconocidos, medidos u oír sus reclamaciones ante el consejo Provincial”.

Mozos de Dos Aguas llamados a filas en 1858

Mozos de Dos Aguas llamados a filas en 1858

Este listado lo encontramos cuando andábamos tras la pista de algún pariente de mi tatarabuela Dolores Obón Carrión, nacida en Dos Aguas (Valencia) sobre 1829 y fallecida en Llombai (Valencia) el 18 de agosto de 1909.

Fue en el Archivo General de la Diputación de Valencia donde pudimos consultar los expedientes de Quintas de 1858 de Dos Aguas. Como somos la mar de elegantes y profesionales adjuntamos la referencia:  “ADV, Fondo Diputación, Quintas, B. 1. 8. Expedientes Generales, Caja 163, Chiva, año 1858“. ¿Qué largo, no? Es recomendable siempre tener documentados nuestros archivos, por si algún otro día queremos consultarlo o algún investigador desconfiado no se cree lo que contamos y quiere comprobarlo con sus propios ojos.

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A pesar de que la fotocopiadora del Archivo necesita una buena calibración, en el documento se observa una relación de mozos con la talla en metros y milímetros, así como observaciones varias. El primero mide 1,30 metros de altura. (Como mi hijo de seis años). Vicente, el último de la fila, es el más alto, con una impresionante talla para la época de 1,68 metros. Los hay de 1,5 y de 1,32 metros.

Este hallazgo genealógico, que nos puede parecer una anécdota, nos conduce a un puñado de interesantes reflexiones. Nuestras búsquedas genealógicas, aunque modestas y domésticas, van a la par de las investigaciones científicas de los profesionales de verdad. El método no es muy diferente en ambos casos, si lo hacemos bien.

Más de una vez comprobaremos entre nuestros propios ancestros que se cumplen las conclusiones de muchos estudios demográficos, sanitarios, educativos… Las consecuencias de la peste y otras epidemias las descubriremos en las partidas de defunción de nuestros antepasados. El nivel de alfabetismo lo encontraremos en los padrones de habitantes. La mortandad entre los recién nacidos de siglos pasados está plasmada en las partidas de bautismo…

Al fin y al cabo, nuestros antepasados, desde su modesta apariencia, han formado el tejido de la historia de este mundo que sigue dando vueltas, entre crisis, asteroides y meteoritos.


One Comment

tataranietos dice:

25/02/2013 at 08:58

Eso es periodismo de investigación, sí señor! 🙂 Puede que nuestro ancestros fueran bajitos pero al menos no tenían sobrepeso…

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