El silencio entrecortado del Racó de l’Anell

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A espaldas de Valencia, entre el hueco virgen a la especulación que todavía existe entre Valencia y Tavernes Blanques sobrevive el Racó de l’Anell. Y sobrevive gracias a la crisis. Extraña paradoja. Las telarañas de las arcas municipales han evitado que un surco de asfalto rasgue por enésima vez la Vega de Valencia. No hay dinero para más carreteras. De momento. La Ronda Nord y la alambrada que la circunda separan a los vecinos de Torrefiel de este penúltimo reducto de L’Horta. Alguien podría decir que ni se conocen. Y eso que urbanitas y huertanos están a tiro de piedra. Sólo una escalerilla metálica en la avenida Hermanos Machado y una senda junto a San Miguel de los Reyes sirven al paseante para acercarse al Racó de l’Anell. Su nombre nace del anillo que forman las aguas de las acequias de Rascanya y la Font al cruzarse sin tocarse.

 

Por un camino de tierra a lomos de la acequia de Rascanya se adentra este periodista mochilero en una mañana de nubes y claros. A mi espalda queda el skyline de la Valencia del siglo XXI, con los enhiestos edificios de la avenida Corts Valencianes dominando el panorama con cierta soberbia. Hoteles de 5 estrellas versus alquerías centenarias. A nuestra vera, campos con los caballones recientes, trazados con tiralíneas. El labrador valenciano es geómetra de nacimiento.

 

Raco Skyline

El perfil de la nueva Valencia se asoma orgulloso al fondo.

Llega un punto, equidistante entre las primeras alquerías del Racó y el hormigueo de vehículos de la Ronda Nord, en que el silencio se adueña del caminante, que queda en estado pensativo. Cuantos y cuantos de nosotros procedemos de generaciones que han sobrevivido cultivando la tierra húmeda que ahora pisamos. De sol a sol. En nuestras pesquisas genealógicas se asoman siempre agricultores y jornaleros. Cuando el campo era el sustento y no el entretenimiento.

 

Un joven lugareño en bicicleta nos devuelve a la realidad y nos indica el mejor camino para adentrarnos en el corazón del Racó de l’Anell. Dani nos traza un esbozo del pasado y el incierto futuro que les espera. Permanece, aunque callada, la amenaza de ese corredor comarcal sobre la docena de alquerías que conforman este peculiar paraje. Planos trazados en despachos salvaron a poco más de media docena y han condenado al resto de viviendas al corredor de la muerte. El reloj avanza y nosotros con él.

 

Dani prosigue su camino con sus sueños de carpintero artesano y original. Un folio pegado al Pou del Perolo, barnizado de grafitis, recuerda que aquello es territorio municipal de Valencia. La nota del Consell Agrari Municipal insiste en que está prohibido “entrar en las propiedades rústicas de dominio particular para recoger los frutos caídos de los árboles”. Aviso a maleantes.

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Raco San Miquel 2

San Miguel de los Reyes, eclipsado por un edificio que le planta cara.

Hacia el este ya se adivina el Monasterio de San Miguel de los Reyes, envuelto en bruma y semioculto por un edificio de una docena de alturas que le planta cara. Entre campos de chufas recién plantadas, patatas, calabazas y cebollas, delimitados por pétreos mojones, nos encontramos con las primeras alquerías y un olivo para resguardarnos a la sombra. Casa de la tía Andrea, Casani, Alquería del Perolo…

 

Ropas tendidas al sol y una morera de tendedero. Hay vida en l’Horta. Nuevas manos escarban en la tierra. Son las de ‘Bona Gent’. En la alquería del Xirivellà personas con discapacidad intelectual se forman y experimentan en una escuela de agricultura ecológica. Un proyecto de inserción laboral con raíces en la Vega valenciana y la maestría de la Escuela de Ingeniería Agronómica de la Universitat Politécnica. Buena tierra para buena gente.

 

Raco Roba

Leña, una morera, ropa tendida al sol, vida cotidiana en l’Horta.

Como Amparo, que nació alli mismo. En Casa Carrils. ‘Trasto’, su perro, hace honor al nombre mientras su dueña desgrana recuerdos e inquietudes: “No te imaginas lo que pagamos de contribución”. Más de 80 años en el Racó de l’Anell, su rincón. El silencio administrativo mantiene a todos los vecinos en una calma extraña, en sus casas: Suria, Canelda, Cherrín, El Coixo, Tío Boro… La sosegada charla se ve sobresaltada por gritos infantiles y la canción “Bette Davis Eyes” (un éxito de los 80 interpretado por la norteamericana Kim Carnes). Es la hora del recreo en el instituto de Tavernes Blanques.

 

Dolores, llegada desde Villar del Arzobispo hace cuatro décadas, indica al forastero donde encontrar el anillo de las acequias que dan nombre al rincón. “Es muy fácil, cuando vea una montaña de botellas de plástico arrastradas por el agua, allí es”. Y no falla en su descripción. Como un funambulista caminando sobre las aguas llegamos al punto de encuentro entre la acequia de Rascanya y la de la Font, que separa Valencia de Tavernes Blanques. Pegado al muro del camposanto y necesitado de una limpieza rutinaria, se esconde l’Anell. Desde allí y mirando a la gran urbe podemos abarcar el Racó con la mirada. Un estampa viva con riesgo de convertirse en postal amarillenta.

 

Raco Rascanya Anell

Vista del Racó desde l’Anell. A la derecha, la acequia de Rascanya.

El murmullo de las aguas es ahora la banda sonora de nuestra incursión periodística. Una alcachofa solitaria es arrastrada por las aguas mientras tomamos el camino de vuelta. Pegados a la carretera de Barcelona aguardan treinta huertos urbanos, marcados y numerados como un sambori. Esperan que alguien cambie el iPad por la azada. Al final de la caminata, Joan Crespo ‘el Xirivellà’ nos saluda y nos pone al día sobre las reivindicaciones del Racó. Con sus manos de docente experimentado explica y señala cada una de las alquerías que están en la punta de mira de la Revisión Simplificada del PGOU de Valencia.

 

Al fondo, una pintada destaca en la blanca pared de una alquería: “L’Horta és vida. Salvem el Racó de l’Anell”. Sus residentes han propuesto en sus alegaciones una revisión del plan para que las excavadoras no acaben con uno de los poco núcleos rurales habitados de l’Horta. Defienden la agricultura como actividad sostenible, campo de cultivo de la Chufa de Valencia con denominación de origen, la recuperación del entorno degradado de San Miguel de los Reyes, la riqueza social y cultural de la Vega de Valencia… De momento siguen sin respuestas. Silencio administrativo.

 

Raco Pintada

Huertos, pintadas, alquerías, reivindicaciones…

El Racó de l’Anell es uno de tantos tesoros nacidos al abrigo de la milenaria red de acequias que ha hecho diferentes a Valencia y los valencianos. Llegará un jueves en que los blusones negros se queden en los armarios porque no tendrán a nadie que los vista. Sonarán las 12 y no habrá síndics, regantes ni butacones en la Puerta de los Apóstoles. L’Horta no es un parque temático. No es un museo. Es un trozo de tierra viva. Nos encontramos de nuevo con Dani al volver al asfalto. Una breve charla y unas palabras de despedida: “Ací estem nosaltres”. (“Aquí estamos nosotros”).


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