¿Por qué me haces esto María Rosario?

Por | · · · · · · · | Genealogía doméstica | 14 comentarios en ¿Por qué me haces esto María Rosario?

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¿Pero cómo me haces esto a mí, María Rosario? ¡Con lo que me he preocupado por ti y por tus hijos! Siempre pendiente de ellos. Pasando largas noches en vela. ¿Y me lo pagas así? No hay derecho. No me lo esperaba. En serio. Me has dejado de piedra. Y me he enterado de casualidad. Que lo sepas. No sé si te lo perdonaré algún día. ¿Que estoy exagerando? Anda ya. Escucha, escucha y veras cómo tengo razón.

Me enteré este viernes por la mañana. Nunca pensé que lo averiguaría de esta manera. Allí estaba yo, sentado frente a la pantalla, en una tranquila sala del Palacio Arzobispal de Valencia. A escasos 30 metros de la puerta románica y en el mismo corazón de la ciudad que fue romana, visigoda y musulmana. En pleno cruce de caminos y culturas hurgaba ensimismado entre virtuales hojas avejentadas.

Sí, lo sabes. Andaba remirando los pocos detalles que conozco de ti. Porque a eso dedico el tiempo libre. Que ahora es mucho. La crisis, maldita crisis. Un Ere por aquí y un proyecto endeble por allí. Emprende, emprende… Pero tampoco creas que eres la única, María Rosario. No acaparas todo mi tiempo. Ni lo esperes. Y menos ahora, con lo que ha pasado. ¡Qué chasco!

Me he pasado toda la mañana buscándote. Hojeando una y otra vez las mismas páginas, las mismas partidas bautismales. Y ni rastro de ti. ¿Dónde estabas escondida María Rosario? Me tropecé una y otra vez con tus hermanos, mayores y pequeños, Josefa, Antonio, Vicenta, Tomasa, Agustín, Teresa, Tomás, María del Carmen, Joaquín, Miguel Ángel…

Fuisteis muchos. Pero nunca os pudisteis congregar todos a la vez junto a la lumbre, bajo el mismo techo. Aquellos años eran muy duros todavía para los pequeños infantes. Partos precipitados y llantos ahogados. Noches de insomnio y dolor. Unos se iban, otros llegaban, unos cuantos permanecían… Arrancaba el siglo XIX. Atrás quedaba el siglo de las luces y entre todos estrenasteis una centuria de ilusiones y penumbras. Y vuestra madre, Ramona, con el vientre seco tras más de dos décadas trayendo niños al mundo.

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Miraba y miraba y me daba golpes en el pecho. Era imposible que no pasaras por la pila bautismal de Enguera, ante la efigie siempre desafiante del arcángel San Miguel, con la serpiente rendida y aplastada bajo sus pies. Discurrían en el Archivo Diocesano, como en un carrusel, las imágenes digitalizadas de los libros de bautismo de la parroquia enguerina y ni una pista. Sólo de vez en cuando una de tus hermanas sonreía levemente y volvía la cabeza.

Repasé mis apuntes. En el padrón de Enguera de 1861 aparecías junto a Pedro, tu marido. En aquella temporada vivías con cinco de tus hijos. Eran buenos tiempos. Teniais hasta dos sirvientes, Juan Antonio y Tomás, dos buenos mozos. Lo decía bien claro el documento de la Diputación de Valencia:

Cédula 58:
1. Pedro Marchirán y Gómez, 50 años, casado, labrador y propietario.
2. María Rosario Juan y Sarrión, 42 años, casada”.

Ninguno de los dos sabía leer ni escribir. Pero nunca os hizo falta para sobrevivir y defenderos en la vida. Una vida que fue larga para ti, María Rosario, mi desconocida abuela cuarta. Bien lo sabes. Te volví a a encontrar en una tarde calurosa, en el Archivo Municipal de Enguera. En el padrón de 1887, con los 70 cumplidos, disfrutabas tus últimos días junto a tu hermana Tomasa, ocho años mayor que tú. En el número 9 de la calle San Antonio Abad. Ahora ese número es el de Vidal. Sí, el de las fotos. Aunque Manolo ya hace tiempo que también se fue. Queda un pentagrama mudo y unos retratos tristes. No sé cuándo te marchaste para siempre, María Rosario. Aún guardo en el cajón cientos de legajos por estrenar. Pero hoy quise saber de ti y no te encontraba.

Apuré el último cartucho, gasté las últimas existencias de mi zurrón de genealogista doméstico. Acudí a los Libros de Matrimonios. Me faltaba encontrar el día en que dijiste sí a Pedro. Bueno, ya sabes, las bodas de tu época no son como las de ahora. Duran una eternidad. Menos las de los juzgados, que los contrayentes se relevan en medio suspiro. Deja, deja, no quieras saber más de esto. No lo entenderías.

Abrí el libro de matrimonios de los años 1826-1845. En realidad hice clic en una carpeta con el ratón para ver las imágenes. ¿Ratón? No quieras saber más, María Rosario. No me distraigas. Llegué a la página 113. Era el 6 de febrero de 1833. Ya sonríes, ¿verdad? Han pasado poco más de 180 años. Era miércoles. Noto tu risa adolescente. Aún recuerdas los nervios de ese día. Serios y formales esperan en la Iglesia don José Gómez y José Marín, para firmar como testigos.

Te refresco la memoria. Voy leyendo la inscripción sacramental de tu propia boda:

“…no habiendo resultado impedimento alguno canónico certificado de la libertad de ambos contrayentes, de sus mutuos consentimientos y de sus padres, con arreglo a la Real Pragmática…”

No disimules, no pongas cara de niña buena, María Rosario. Lo bueno viene ahora…

“…a Pedro Claumarchirant, mozo, hijo de Vicente y Vicenta Gómez, y a María del Carmen Juan, soltera, hija de José y de María Ramon Sarrión, ambos habitadores y naturales de ésta…”

Así me quedé. Mudo, frío. Y como dicen los jóvenes de ahora: alucinando. Nos has engañado casi 200 años, María del Carmen. Sí, sí, lo repito, María del Carmen. Así es como te pusieron en la pila bautismal y recordó bien clarito el sacerdote que te casó. Y aquella María del Carmen que afloraba entre las páginas de los libros parroquiales eras tú, revoltosa niña, no era ninguna hermana. ¿Acaso Rosario era tu tercer nombre? Recupero tu partida de bautismo, el 24 de enero de 1818. Leamos:

“…a María del Carmen Juan, hija legítima de Josef Juan y de María Ramona Sarrión. Abuelos paternos, don Josef Juan y Antonia Cabezas. Abuelos maternos, Agustín Sarrión y Teresa Sarrión. Todos naturales de esta villa de Enguera. Nació el mismo día a las dos de la madrugada. Padrinos: Josef Marín Sanchis y Bartolomea Sarrión”.

¿Por qué te llamaron familiarmente María Rosario? Tú naciste el 24 de enero y la VIrgen del Rosario se celebra el 7 de octubre. ¿Alguna abuela testaruda? ¿Algún hermano bromista? Esas cosas no son dignas de tu casa, toda una familia de notarios. Tu abuelo paterno fue don Josef Juan Calatayud, escribano nacido en Elda, y tu tatarabuelo Cristóbal Cabezas también fue un ilustre notario en el siglo XVII.

En fin, lo dejaremos pasar, María Rosa… ¡María del Carmen! Todo ha sido una travesura, una travesura de adolescente. Al fin y al cabo cuando te presentaste en el altar tenías sólo 15 años.

Post Scriptum: La hermosa moza que ilustra estas líneas pertenece a la obra ‘Mujer con abanico’ del artista enguerino Isidoro Garnelo Fillol (1867-1939). Es un óleo sobre tabla (39,5 x 22 cm.)  y propiedad del Ayuntamiento de Enguera.


14 Comments

Manuel dice:

28/12/2015 at 09:11

Muy bueno. En mi familia también pasó algo así, pero por suerte mucho más cercano y sé el motivo y por eso te lo voy a contar.
A mi abuelo manuel lo bautizaron como andrés, pero no lo conoció nadie por este nombre.
La causa fue que mi bisabuelo quería que se llamase andrés pero mi bisabuela manuel. Como los bautizaban al poco de nacer y era común que la madre aún estuviese convaleciente mi bisabuelo hizo su negocio, pero al llegar a casa mi bisabuela lo transformó y se llamó manuel toda su vida.
Esto a lo mejor me hubiese complicado la vida de ser 100 años antes, pero a él le salvó la vida en la guerra civil cuando buscaban a un manuel y el pudo enseñar su cédula de identificación con el nombre de andrés.
Saludos.

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Enrique Boix dice:

28/12/2015 at 09:13

Hermosa historia, gracias por compartirla.

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Ángel Carbonell dice:

15/01/2014 at 23:23

¡¡Genial Enrique!! Es un artículo precioso, de verdad. ¿Sabes que a mi me ocurrió algo parecido con un antepasado de mi ex? Aparecía en todos los papeles como Francisco pero en la familia todos le llamaron Mariano hasta que se murió. Me volvió loco durante una buena temporada hasta que descubrí que era la misma persona, pero sigo sin saber porque le cambiaron el nombre ¡¡vaya usted a saber!!
¡¡Un abrazo Maestro!!

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Angela Buron dice:

06/12/2013 at 07:05

No si es lo que yo digo, terminamos comiendo con ellos, cenando con ellos, hablando con ellos, mal rollo,
tal vez nos eligen, saben de nuestras debilidades, y nos elegen para no pasar de valde por este mundo.
En todo caso, gracias ha sido un regalo esta mañana, muy bonito. jeje

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Fernando Correa dice:

05/12/2013 at 21:10

Como coincidimos en ancestros. Yo sigo aprovechandome de tus investigaciones. Espero poder corresponderte alguna vez.

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Parirás con dolor y cada dos años | Hojas de BojHojas de Boj dice:

05/12/2013 at 08:33

[…] casi el momento agónico de su vida. Así lo comprobé de nuevo, hace unos días, cuando andaba buscando a mi abuela María Rosario y vinieron sus numerosos hermanos a mi encuentro. Todos ellos salieron del vientre de María Ramona […]

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Enrique dice:

30/11/2013 at 16:32

Muy bonito esa forma de hablar genealógicamente de nuestros abuelos.!!!

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Marina dice:

29/11/2013 at 11:20

Precioso

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maryse malvaldi dice:

29/11/2013 at 09:25

gracias por este texto que me ha gustado mucho

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Mamen dice:

28/11/2013 at 22:10

Gracias por compartir tu experiencia y de tan dulcemente contada.

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Enrique Boix dice:

26/11/2013 at 19:24

Gracias por los comentarios, Tatarabuela, Rakeira e Ismael. En breve os contaré la posible solución al enigma según me han ido contando por ahí… 😉

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Ismael dice:

26/11/2013 at 17:33

Me ha gustado. ¿Se te a ocurrido buscar en su Confirmación? En ese sacramento la Iglesia permite el cambio de nombre,

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Rakeira dice:

26/11/2013 at 10:27

¿Podría ser que el “Rosario” le venga por la madrina de Bautismo o por la “patrona” que le dieran en esa ceremonia?… Gracias por el Blog… ¡es genial! 🙂

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tataranietos dice:

26/11/2013 at 08:49

Te has superado! No dejes el blog…

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