Parirás con dolor y cada dos años

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Cada hoja de nuestro árbol genealógico ha brotado del vientre de una mujer. Y lo ha hecho con dolor, mucho dolor. En bastantes casos, con partos encadenados en el tiempo, cada dos años, hasta casi el momento agónico de su vida. Así lo comprobé de nuevo, hace unos días, cuando andaba buscando a mi abuela María Rosario y vinieron sus numerosos hermanos a mi encuentro. Todos ellos salieron del vientre de María Ramona Sarrión Sarrión. Esta mujer enguerina, nacida allá en 1769, dio a luz -al menos- a diez hijos entre 1800 y 1822.

“Y el Señor Dios dijo a la mujer: «Multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos; darás a luz a tus hijos con dolor. Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará».

Esta conocida cita del Génesis se hace carne viva en cada una de las abuelas y madres que pueblan nuestros árboles genealógicos. Sus apellidos van cayendo de generación en generación mientras perviven los de los padres. La genealogía es una disciplina -algunos pretenden llamarla ciencia- eminentemente machista. Porque se originó en épocas pasadas, de claro predominio del varón en la sociedad. Y así parece que seguirá, aunque sea ahora con la excusa de la metodología y de mantener el ‘orden establecido’.

Pero dejemos para un próximo post este debate y dirijamos la mirada hacia nuestras madres y abuelas. Os ponía el ejemplo de María Ramona Sarrión Sarrión y sus diez hijos:

Año 1800: Josefa Bª.
1803: Antonio.
1805: Vicenta María.
1808: María Tomasa.
1810: Agustín.
1813: María Teresa.
1815: Tomás B.
1818: María del Carmen. (Mi abuela María Rosario)
1820: Joaquín.
1822: Miguel Ángel.

Su último hijo lo tuvo a la edad de 53 años. Posiblemente se nos haya podido escapar alguna criatura, entre el día de su boda con Josef (un frío sábado 18 de noviembre de 1797) y la llegada del ‘presunto’ primogénito en el año 1800. Desconocemos, de momento, cuándo falleció la buena de María Ramona, pero está claro que alargó su edad fértil más allá de lo recomendable en nuestros tiempos modernos.

Estamos hablando de principios del siglo XIX en España, lo que los ‘listos’ en demografía definen como el fin del Antiguo Régimen demográfico y el inicio de la Transición demográfica. En resumen: perviven las tasas altas de natalidad y empiezan a disminuir las tasas de mortalidad. En este caso, parece evidente que Josef Juan Cabezas, padre de tan ingente prole, no conocía aquello del puerperio o ‘cuarentena’ tras el parto. Mientras tomaba buena nota en el Archivo Diocesano de Valencia, un compañero de sala me advirtió de su hallazgo: una antepasada del siglo XVII que estuvo 36 años seguidos trayendo niños al mundo, al viejo mundo.

Genealogista rima con trapecista

Nuestras madres nos han hablado de los muchos hermanos que tuvieron nuestras abuelas y bisabuelas. Y de aquellos niños que sólo sobreviveron al parto algunas horas o días y regalaron su nombre en la pila bautismal al hermano siguiente. Así nos lo recuerdan ahora los modernos programas de genealogía, que nos avisan cuando detectan dos o tres niños con idénticos nombres y apellidos. Ley de vida, de aquellas vidas.

Hojeando mi árbol genealógico he encontrado más familias numerosas como la de María Ramona y Josef. Algunas incluso del Antiguo Régimen demográfico. Toca ahora una sabrosa ensaladilla de números. Un ejemplo de demografía y genealogía domésticas. Partimos de un árbol genealógico de 1.566 personas, de las cuales 717 son antepasados directos de mis dos hijos.

Con 13 hijos: 1 familia.
Con 11 hijos: 2 familias.
Con 10 hijos: 3
Con 9 hijos: 3
Con 8 hijos: 3
Con 7 hijos: 7
Con 6 hijos: 12
Con 5 hijos: 15
Con 4 hijos: 18

Esto no es ciencia exacta, ya que en las búsquedas genealógicas se prima al antepasado directo y pocas veces se recolecta la información de tooooodos sus hermanos. Aunque sirve de aproximación y queda la mar de chulo contarlo, ¿no?

Este peculiar ‘hit parade’ lo lidera mi tatarabuela Inés García Lliso. Nació en Llombai el 21 de noviembre de 1826 y murió a punto de conocer el siglo XX en la ciudad de Valencia, un domingo 9 de enero de 1898. Se casó con Vicente Sena Albuixech, comerciante, un miércoles, el 20 de marzo de 1844. Inés tuvo 13 hijos entre el 27 de junio de 1845, que dio a luz a Vicente (muerto a las pocas horas en un parto prematuro) y alrededor del año 1870, en que debió de nacer Vicenta María. Aquí están los 13 hermanos en orden de aparición durante los 25 años de edad fértil de Inés.

Año 1845. Vicente. (Fallecido a las pocas horas)
1846. Vicente. (Muerto a las pocas horas)
1846. Victorino. (Muerto a las pocas horas)
1848. Isabel.
1850. Vicente.
1854. María Rosa.
1856. María de la Asunción.
1858. Daniel. (Murió de edad infantil)
1860. Joaquín. (Debió de fallecer muy joven)
1862. Daniel. (No sobrevivió a sus padres)
1865. Mi bisabuelo Enrique.
1868. Edilina.
1870. Vicenta María.

A su triste y primer parto documentado le siguió el alumbramiento de mellizos. A las ocho de la mañana del viernes 23 de octubre de 1846 veían la luz Vicente y Victorino. Debió de ser un parto difícil. Doloroso. Y se cumplieron los peores presagios.

Como cura propio de esta Parroquia de Lombay y sus anejos en veynte y cuatro de Octubre de mil, ocho cientos, cuarenta y seis, mandé dar sepultura eclesiástica en este cementerio al cadáver de Vicente Sena, soltero, hijo de Vicente Sena y de María Inés García, todos de Lombay. Falleció el día anterior por ser nacido antes de tiempo, viviendo muy pocas horas. Lo que certifico en los expresados día, mes y año. Firmado: Don Francisco Pérez, cura.

Es la inscripción número 29 del Libro de Defunciones del año 1846 de la Parroquia de la Santa Cruz de Llombai. En el margen, debajo del nombre aparece la palabra ‘Albat’, que es como se denominaba en valenciano a los niños fallecidos de corta edad. En el número 30 figura la inscripción del óbito de su hermano Victorino.

hermanos_Sena

El rostro de Inés recuperó el color el 25 de mayo de 1848, cuando nacía su cuarta hija, Isabel. Aquella chiquilla superó cualquier temor y llegó a edad adulta. Se casó en 1879 con Vicente Ortiz Sanz. Fue una boda que pudieron presenciar sus padres, Inés y Vicente. Una alegría en la familia.

Debió de ser una vida de alborozos interrumpidos con sombras, negras sombras. Vicente e Inés sobrevivieron a seis de sus 13 hijos. Seis criaturas que tuvieron que amortajar y enterrar. Seis duros golpes en el alma. Así lo deja entrever el testamento del cabeza de familia. Vicente Sena Albuixech testó ante el notario Ramon Requeni el día de la Virgen del Carmen de 1895. A sus 82 años, nombraba albacea a su consorte, a la que dejaba el tercio de todos sus bienes, y legaba el resto por igual a los siete hijos que le habían sobrevivido: Vicente, Isabel, María Asunción, María Rosa, Enrique, Adelina y Vicenta María.

Por el camino se quedaron los dos Vicente, los dos Daniel, Joaquín y Victorino. Trece hermanos que nunca llegaron a conocerse entre sí, al completo. Por si no fuera poco, María Inés García Lliso, la madre de todos ellos, sufrió además en vida las sacudidas de unas historias teñidas de sangre, pólvora, violencia y vergüenza. Pero eso es argumento para un próximo artículo en Hojas de Boj.

Post Scriptum: El cuadro que ilustra estas líneas es una acuarela sobre papel, obra del internacional artista valenciano Joaquín Sorolla Bastida, y titulado ‘El primer hijo’. Pertenece a una colección particular.


8 Comments

Familia Limonge dice:

08/03/2014 at 14:59

En mi árbol, en mis ramas familiares también hubieron matrimonios con muchos hijos. Y no tenia nada que ver que fuera en España, en mi rama italiana era muy normal tener una media de 10 hijos. Era habitual que cuando un hombre quedaba viudo, aunque ya fuera madurito se casara nuevamente y si era posible con una mujer bastante más joven y buena procreadora. Y había un embarazo y luego la cuarentena y sin dar tiempo a que ese vientre volviera a su estado natural, lo natural se convirtió en estar embarazada. . Era lo que la sociedad pedía a las mujeres, traer hijos al mundo. Y así pasaban los años, y así se criaban los hijos y las mujeres que amamantaban a sus hijos también ayudaban a los hijos de otras muchas. Mi abuelo materno , Antonio estuvo mamando hasta los 4 años. también tuvo hermanos de leche. Hace dos meses en el entierro de mi abuela, después en el funeral, en El Cabañal, se acerco a mi una hermana de leche de mi abuelo que lo recordaba con mucho cariño y surgieron aquellas historias de unos hermanos que los unió la leche materna compartida de una generosa mujer y madre.
Un saludo para todos.
Hortensia Soriano Limonge

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Lucas J. Marínas J dice:

14/01/2014 at 13:55

Acabo de descubrir éste blog y me parece de lo más interesante lo que denominas “genealogía doméstica”. Yo me dedico también a ello, y es algo interesante y gratificante, cada descubrimiento aporta nuevos datos que te enlazan con el próximo descubrimiento.

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Mamen dice:

15/12/2013 at 01:01

Enrique, como creo que no has leído mi mensaje en el foro, te lo copio aquí, para que no se pierda este hermano de sangre.
María Ramona y su marido Josep tuvieron un hijo antes que Josefa a escasos 12 meses del matrimonio.
• Josep Francisco fue bautizado el 13 de noviembre de 1798, sus padrinos fueron Josef Juan y Bartholomea Sarrion-Libro de Bautismos de la parroquia de Enguera (1788_1799) Folio 358 Pda. 196

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Ana María Paredes Teppa dice:

09/12/2013 at 01:23

Qué complicado esto de la descendencia, buscando al que creía el hijo mayor de mis bisabuelos, encontré otros tres hijos fallecidos en el parto o de pequeños (no lo sé) de los que no tenia idea, qué pena que no encuentro al que buscaba! Así que de los seis hijos que creí que habian tenido mis antepasados, ya voy descubriendo que al menos eran nueve, si es que no aparece alguno más!

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Pilar Gamarra dice:

07/12/2013 at 19:52

Mi tatarabuela Fermina Vitallé tuvo 20 hijos, los 14 primeros a 1 por año.
Increible. Saludos

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Marina dice:

05/12/2013 at 21:23

Mi abuela Maria Olaria Garcia tuvo 8 hijos, uno cada 2 años (desde 1922 a 1942):
Carmen, Jose Maria, Jose Maria, Ricardo, Jesus, Irene, Francisca y Angeles.

Y como el primer Jose Maria, fallecio a los 2 meses de edad, amamanto y crio a otro niño del pueblo, Leon Garcia que para nosotros siempre ha sido, nuestro tio Leon.

Marina

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Enrique Boix dice:

05/12/2013 at 21:36

Qué hermosas son las historias de los hermanos de leche. Gracias por tu aportación, Marina.

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tataranietos dice:

05/12/2013 at 10:57

Ey, Enrique!
Parece que tengamos los cerebros conectados… Hace unos días escribí un artículo que publico mañana, se llama El desorden de los apellidos, y va en la línea de éste, ya lo leerás y me dices si te gusta. Además, la semana que viene doy la charla de Genealogía en femenino y hablo de temas como éste, después escribiré un post sobre Genealogía machista.
Respecto a lo de que las mujeres siempre hemos parido con dolor es algo que tendríamos que profundizar, eso sí, cierto que hemos parido mucho.
Saludos

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