¿Pero qué hace el abuelo Raimundo en internet?

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Tranquilo, que no cunda el pánico. Mantén la calma, respira profundamente y no cometas ninguna atrocidad. Lo hecho, hecho está. Pero todo tiene una solución. O al menos es lo que vamos a buscar. No te culpes, no te castigues. Ha sido un descuido. La llamada de tu primo Alberto, del que no sabías nada desde la última boda familiar hace ocho años, te ha dejado completamente helado, paralizado. Tu primo ha visto que has puesto los datos del abuelo Raimundo en internet, en un árbol genealógico on line. Y eso no te lo ha perdonado. Se avecina una grave crisis familiar. ¿Qué hacemos ahora?

Lo primero que debemos tener bien clarito y transparente cuando nos hacemos genealogistas es que tus investigaciones familiares no interesan en absoluto a muchos de los que comparten contigo sangre, genes y ancestros. Lo que a ti te parece interesante, a tu tía Angustias le resulta aburrido. Y si añadimos a todo ello la cosa llamada ‘internet’, ni te cuento. Para mucha gente, internet es malo malísimo. Por la tele no dan más que noticias espeluznantes sobre los maleantes que pueblan la red de redes. Así que si mezclamos genealogía e internet la combinación resultante puede ser impredecible y explosiva.

Pero volvamos al caso que nos ocupa, que veo que tus temblores no menguan. Un día decidiste compartir con el mundo tus investigaciones. Te apuntaste a uno de esos portales en internet donde puedes ‘colgar’ tu árbol genealógico para compartirlo on line. Pensaste que así encontrarías más antepasados y crecería tu árbol gracias al riego y el abono de internautas de todo el mundo. Pero se te escapó un asunto llamado ‘privacidad’. En estos menesteres hay que ser muy meticuloso.

No voy a endosarte ahora un monólogo sobre la legislación actual sobre el tema. Dejaremos el Código Civil, el Penal y la Ley de Enjuiciamiento criminal para los leguleyos del turno de oficio. Apelamos ahora al sentido común. A la hora de compartir nuestro archivo Gedcom es interesante no publicar dato alguno de nuestros parientes vivos. A no ser que hagas una encuesta y les pidas permiso a todos ellos, uno por uno. Quizás la única excepción seríamos nosotros mismos, pero eso depende de cada uno. E incluso no vendría mal ocultar la información del ancestro que tenéis en común tú y tus parientes vivos. En este caso, el abuelo Raimundo.

Al fin y al cabo, no te van a salir más primos hermanos ni tíos carnales por mucho que difundas tu árbol en internet. Deja los últimos 80 o 100 años de la historia familiar en barbecho. Igual que hacen muchos archivos parroquiales y notariales. Además, no te olvides de la gentuza que anda suelta por ahí buscando datos ajenos para luego venderte yo qué sé qué cosas. A partir de tus bisabuelos es buena elección para difundir tus investigaciones ancestrales. Llevan ya unos cuantos años descansando y ya no hay persona alguna capaz de alterar su paz eterna.

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Para ocultar toda esa información reciente sueles tener dos opciones. La primera, desde el programa con el que sueles trabajar en casa. Estas aplicaciones tienen la opción de filtrar la información de las personas que quieres exportar a un archivo Gedcom. En el segundo caso, desde la página web donde tienes ‘colgado’ el árbol familiar. En Geneanet, por ejemplo, una vez has subido la información tienes varias opciones, tal como se aprecia en el siguiente pantallazo:

– ¡Ya lo he hecho! He activado las opciones que me has recomendado y ya no sale el abuelo Raimundo en internet.
– Muy bien. Has entendido la explicación.
– ¿Y ahora qué le digo al primo Alberto?

El siguiente capítulo ya es cosa que escapa a este trovador de cuitas genealógicas. Puedes llamarle, contarle tranquilamente lo sucedido o, simplemente, esperarte hasta el próximo encuentro familiar, sea boda, bautizo, comunión o entierro. La privacidad es una sustancia tan peculiar que no hay carnet de manipulador de alimentos que nos permita trabajar con ella sin contraer riesgos. Como la vida misma.


5 Comments

Maria dice:

08/01/2015 at 10:44

Pues es cierto, a mi me ha pasado. Me encontre en internet a mi bisabuelo, que vivio en el sigloXIX. Como fue un sencillo labrador sin ninguna relevancia, me impacto reconocer su nombre y apellidos en la red y me pregunte poque parecia alli despues de mas de cien años muerto. Para resumir, tirando del hilo, conecte por internet con un señor frances, que resulto estar casado con una tataranieta de mi bisabuelo. Y descubri una rama familiar que habia emigrado a Francia hacia cien años. Cuando les contacte, toda emocionada, no demostraron ningun interes por el tema aunque me confirmaron todos los datos que yo habia reunido, es mas y eso ya parece increible pero es real, la madre de esta chica habia regresado al pueblo, a Cullera y resulto ser un matrimonio francés (así creía yo) ¡Que vivian justo en el piso de arriba del mío!.
Le dire que despues de explicarme con ellos, nuestra relación es la misma que antes de saber que éramos primos segundos con un bisabuelo comun, es decir protocolaria, buenos dias, buenas tardes cuando nos cruzamos en la escalera….
Mucha gente pasa de su genealogía y no se vincula…

Enhorabuena por su blog. Lo seguiré con interés. Saludos. Maria.

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Enrique Boix dice:

08/01/2015 at 10:51

Muchas gracias por su comentario, María. A veces une más la cercanía que la sangre. Saludos.

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Mónica dice:

23/01/2014 at 13:00

Tambien se trasmite el amor por la genealogía 😉

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Javier dice:

23/01/2014 at 11:08

Enhorabuena por su blog. Estoy de acuerdo con su comentario y opinion pero si el 99% de los datos son publicos ya que los obtenemos de Registros Civiles por internet y de noticias de los periodicos, ¿como nos pueden ·”prohibir” el volver a publicarlos?

Muchas gracias y felicidades nuevamente

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angel carbonell dice:

23/01/2014 at 10:54

¡¡Cuanta razón tienes Enrique!! ¿A quien no le ha pasado? A mi desde luego si y de lo del desinterés familiar por estos temas te das cuenta casi desde el principio … esto último merecería un capítulo aparte, un monográfico.
Un abrazo!!
Ángel Carbonell.

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