Miradas archivadas

Por | · · · | Genealogía doméstica | 3 comentarios en Miradas archivadas

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Cuando me cruzo con ellos lo hago con sigilo para no trastornar su placidez centenaria. Allí reposan entre testamentos, bautismos, cartas dotales, expedientes diversos, sepelios, deudas y herencias. Intento no alterar ese estado cimentado con el paso de los siglos. Me comporto como un Marty McFly de los archivos y cuido de no trastocar el orden de la historia. Pero hay veces que se me quedan mirando. Sí, sí. No es una metáfora. Es real.

 

Voy pasando las hojas de un expediente de quintas y me tropiezo con la mirada de Vicente. Ahí lo tienen, encabezando estas líneas, con las huellas de sus cinco dedos tintados.

 

Si le diéramos a la palanca de la intensidad poética podríamos añadir incluso que nos está queriendo decir algo con su mirada, que hay un mensaje oculto esperándonos casi un siglo, que ese expediente de Quintas no es un expediente cualquiera, sino un expediente X. Pero no llegaremos a tanto. La vida es, casi siempre, más sencilla.

 

Lo único que pide Vicente “ante V. E. con el debido respeto y consideración” es una nueva revisión médica que le confirme que no puede ir a la mili. Corre el año 1921 y Vicente, hijo de Valentín Sabater y Rafaela Climent, alega diversas cuestiones físicas que no vienen al caso para librarse del servicio militar. En los primeros chequeos le dijeron que nones. Ahora presenta un recurso de alzada ante la autoridad competente, la Comisión Mixta de Reclutamiento de Valencia. Un escrito “con la fotografía e impresiones digitales de la mano derecha del recurrente para la identificación de su persona”.

 

 

Y así lo descubrimos. Y así nos mira. Con su blusón negro de labrador y la mirada limpia. Con el flequillo peinado tal vez por los dedos de su madre, segundos antes de retratarse. “Què bonic està el meu xic”. Unas incipientes ojeras nacidas por el desasosiego ante su futuro inmediato.  “No puc dormir, mare”. “No patisques, xiquet”.

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Vicente vino con el nuevo siglo a las tres de la tarde del 9 de noviembre de 1900 en Llombai (Valencia). Fue bautizado dos días después en la Iglesia Parroquial de la Santa Cruz. Su madrina fue Dolores Lliso Climent (1881-1969), prima hermana de mi bisabuela Vicenta María Lliso Peris (1863-1951). Es hijo también de la época. De pocas (o inexistentes) horas de escuela y de muchas (o demasiadas) horas de jornal. La solicitud, escrita con letra pulcra, la firma “a sus ruegos” Miguel Forés, porque Vicente no sabe leer ni escribir.

 

En una época ausente de píxeles y polaroids llama la atención la inserción de un retrato entre legajos casi centenarios. Son miradas archivadas que atrapan enseguida al investigador. A veces dan ganas de llevarle de vuelta a casa, a su hogar, con sus descendientes. Como el niño extraviado en la feria, cubierto de lágrimas y con un algodón de azucar rosado en la mano. “¿Cómo te llamas, cariño? ¿Te has perdido? ¿Cómo se llaman tus papás…”

 

Desconocemos qué fue de Vicente. Aunque no sería muy difícil averiguarlo. Bastaría consultar un par de padrones, echar un vistazo a los libros parroquiales, visitar el camposanto y preguntar a las gentes del Marquesat. Quizás alguien le recuerde en la calle San Roque. Tal vez sobreviva algún hijo octogenario, si llegó a casarse. Quizás sus bisnietos pululen en las redes sociales, ajenos a la presencia en Internet del rostro sereno de su antepasado. Quizás.

 

Post Scriptum: El retrato de Vicente pertenece al Expediente general de Quintas de la provincia de Valencia del año 1921, custodiado en el Archivo General de la Diputación de Valencia. Dichos documentos han sido digitalizados y difundidos en internet por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.


3 Comments

Juan Císcar dice:

12/07/2014 at 08:45

Mal año el suyo. Parece asustado por la perspectiva de tener que ir a Melilla. Tal vez tuvo suerte y se libró

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Jose Luis Luri dice:

31/05/2014 at 15:07

Gran blog. Firmado, el investigador sin fuentes

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Ángel Carbonell. dice:

28/05/2014 at 12:35

Buenísimo este artículo Enrique y que suerte encontrar la foto!! Es completamente cierto eso que dices, parece que nos miran desde el otro lado, queriendo decirnos algo…

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