El escribano de los corazones rotos

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Copla y genealogía caminan cogidas de la mano. Estoy convencido. Una se inspira en la otra y viceversa. Quintero, León y Quiroga firmaron la banda sonora sentimental de varias generaciones. Y Miguel Planelles, un notario alicantino de mediados del siglo XVIII, signó la ruptura del compromiso de matrimonio entre Isidoro y Mariana. A esta joven pareja se les rompió el amor definitivamente. 

 

En la solitaria sala de consulta del Archivo Histórico Provincial de Alicante, todavía con los ecos vivos del Mineirazo, me acordé entonces de Manuel Alejandro. Y tarareé la canción que escribió para Rocío Jurado: “Se nos rompió el amor de tanto usarlo. De tanto loco abrazo, sin medida. Jamás pensamos nunca en el invierno, pero el invierno llega aunque no quiera”.

 

Ya refresca por las noches. Los paseos se acortan y el rumor se extiende por Benimagrell. “Isidoro y Mariana han roto”. Algún allegado debió de pensar aquello de “me lo imaginaba” mientras un amigo de los afectados seguía pensando que eran “el uno para el otro”.

 

Pero el invierno se acerca, aunque no quiera. En aquel 29 de noviembre de 1767, Isidoro, labrador del lugar de Benimagrell, y Mariana “donzella, hija de Nicolás” certificaron ante notario el “desistimiento de palabra de casamiento”. No les sirvió un breve email o un whatsapp con una carita triste. Lo hicieron como debían, como tocaba, con honor, el orgullo alto y ante notario. “Lo nuestro no funciona”. Si hubo palabras malsonantes, insultos o cruce de acusaciones mutuas, se las callaron en el despacho de don Miguel Planelles.

 

Detalle de la escritura notarial que certifica la ruptura de Isidoro y Mariana. (AHP de Alicante)

 

No consta en la escritura notarial las causas exactas de la ruptura. Lo siento por Jorge Javier Vázquez. Sólo explican que “ahora por respectos bien vistos quieren apartarse de dita Palabra de Casamiento y quedar libres para disponer cada uno como les convenga de su libertad. Una ruptura a lo Pimpinela. Un ‘Olvídame y pega la vuelta’ en toda regla.

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Y por si aún quedaran dudas, el escribano insiste en que ambos “se dejan libres y desembarazados para que siguiendo el curso de sus voluntades, sin embarazo alguno, puedan disponer de sus personas en el estado que les convenga”. Con el semblante serio, tal vez acompañados por sus respectivos padres, Mariana e Isidoro escucharon a don Miguel leer la escritura.

 

De pie, en aquella pequeña estancia, dos labradores y un estudiante de leyes actuaron de testigos. Este último estampó su firma en la escritura. Ya no había marcha atrás para Mariana e Isidoro. “No firmaron ambos otorgantes por no saber escribir”, reza la escritura notarial. No hubo pues cartas amarillas, mil te quiero, mil caricias y una flor que entre dos hojas se durmió”.

 

Post Scriptum: La citada escritura de “Desistimiento de palabra de casamiento” la encontré en el protocolo notarial con signatura 1888-2 del escribano Miguel Planelles, que custodia el Archivo Histórico Provincial de Alicante.


3 Comments

ELISA GOMEZ PEDRAJA dice:

22/07/2014 at 08:36

Y, que se sepasin indemnizaciones por medio! Efectivamente, lo siento por los cotillas del corazón. Yo encontré una anulación de un matrimonio “po poderes”, ella española en México y él en Manila, ¡esperdose siete años! Gestionaron todo los respectivos padres. Lo hallé en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Ultramar. Con los cambios estará en el AHN.

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José Casas dice:

11/07/2014 at 20:33

Ambos otorgantes no sabían escribir, pero de honor y palabra si que sabían, ese conocimiento se adquiere por ser bien nacidos…

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Enrique Boix dice:

11/07/2014 at 20:35

Cuánta razón tienes, Pepe.

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