Los dulces sueños del mosén

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Dos colchones poblados de lana con telas azules y blancas sobre una cama de nogal con cortinas. Sobre este mullido aposento pasó sus últimas noches el presbítero don Tomás Pastor. Reposó sus pensamientos sobre la mundana vida de sus fieles en dos almohadas rellenas de lana con sus fundas blancas. No hemos entrado a hurtadillas en la alcoba del mosén. No, de ningún modo. ¿Cómo nos hemos enterado? Nos lo contó su cuñada Florencia, que no escatimó detalle alguno.  

 

El 22 de mayo de 1776 acudió Florencia Llopis al notario con la lista hecha. No iba de compras. Era el «inventario de los bienes muebles que han quedado por fin y muerte de Mn. Thomas Pastor Pbro.», tal como reza el encabezamiento del protocolo del escribano alicantino Miguel Planelles, al que meses después visitarían Isidoro y Mariana con los corazones rotos. El mosén recién fallecido era hermano del difunto marido de Florencia. Así que allí estaba ella, ante el notario, como heredera y usufructuaria de los bienes de su cuñado.

 

De esta manera cumplió la vecina de Sant Joan d’Alacant la última voluntad del sacerdote. Tomó nota de los bienes «sin encubrir ni disimular» ninguno de ellos. La cama citada y el par de colchones encabezan la detallada colección de bienes. La ropa de cama está compuesta además por «dos sábanas de lienzo casero; un cubertor blanco; una colcha de indiana, por un lado de forro y el otro de lienzo; un vuelacama de visa; una cortina de indiana vieja que está en la alcoba donde viviendo estaba dito difunto y otra cortina de indiana a medio portar».

 

¿Qué más puede haber en la morada de un mosén? ¿Cómo vivía un cura en el siglo XVIII? Dejamos la alcoba y nos adentramos en el despacho de don Tomás. Allí encontramos «media docena de sillas dadas de color azul con asiento de anea», empleadas tal vez para compartir tertulias con feligreses doctos o las fuerzas vivas del pueblo. Apuntó también Florencia «dos sillas de vaqueta viejas, una mesa redonda, un arca mediana con su cerraja y llave vieja, una papelera y dos bufetes de pino nuevos».

 

Detalle del inventario de los bienes del mosén Tomás Pastor (AHP de Alicante)

 

No se olvidó la cuñada de incluir el bufete de nogal «y los pies de otra madera», donde el presbítero preparó a conciencia sus homilías, iluminado por «un velón de cuatro luces». Reposo, quehacer y devoción. Un fervor mariano que se hace presente en la Purísima pintada en un lienzo que debió presidir la estancia principal, o quizás la alcoba. «Dios te salve María, llena eres de gracia…», rezaba don Tomás, que sentía la muerte cerca. Padrenuestros y salves. A la Virgen le acompañan «un Ecce Homo pintado en un lienzo» y una vidriera con una imagen del Señor.

 

¿Y qué no puede faltar para acompañar a don Tomás en la mesa y el altar, en casa y el templo? Un buen vino. Desconocemos la bodega pero sí sabemos que lo almacenaba en «cinco toneles con arcos de hierro». El inventario concluye con el aroma que aún desprende «un lagar viejo y un embudo, dos botas de poner vino con arcos de hierro» y diversos enseres para escanciar el tinto antes de su mística transubstanciación.

 

Post Scriptum: El mosén que duerme dulcemente en la imagen que antecede estas líneas es don Cosme, el cura de Villar del Río (‘Bienvenido Míster Marshall’, 1953), papel que interpretó Luis Pérez de León en la inmortal película del cienasta valenciano Luis García Berlanga. La visita virtual a la morada de don Tomás, con su cuñada como improvisada cicerone, la encontramos en el protocolo notarial con signatura 1193-2 del escribano Miguel Planelles, que custodia el Archivo Histórico Provincia de Alicante.


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