Hijos del silencio

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Cul-de-sac lo llaman los franceses. Cuando un buscador de ancestros acaba en él, los cimientos tiemblan y la brújula se desnorta. Brota un sudor frío y el caer de los brazos marca el final de trayecto. Desolación. El horizonte se difumina y las ideas se agotan. Silencio de camposanto. La solución más lógica es quizás la más sencilla: hacer marcha atrás. 

 

Las cucharillas de café no están hechas para cavar en la piedra. Desiste. Una retirada a tiempo es una victoria, dicen, aunque te sientas vilmente derrotado. Aprovecha la cucharilla para remover el azúcar de tu expreso o golpear los hielos de tu té frío. Respira hondo. Sí, lo sé, te dijeron que había nacido allí, aunque los apellidos que le dieron sus padres son desconocidos para los vecinos del pueblo. Nadie sabe nada. Y los archivos callan.

 

“Un hombre sin habla, una mujer sin habla, un militar sin habla…” Todos llegan moribundos al hospital. Inconscientes. Sin documentación, sin papeles, sin apellidos. Y así quedan inscritos en el listado de fallecidos en el Hospital Provincial de Valencia. Ahora biblioteca. Las sirenas aullan. Las gentes corren y se esconden como hormigas nerviosas en los refugios. Valencia es zona de guerra. España es víctima de un enfrentamiento fratricida. Las grandes potencias experimentan en la antigua Iberia. Alzamiento, revolución, golpe de Estado, miseria, sangre y terror. Huele a muerte.

 

Enfermos fallecidos en el Hospital General. 1938-1939. Letra U. (Archivo Diputación de Valencia)

 

A las tres de la tarde del 13 de junio de 1938 le dieron por muerto. Tenía 22 años. Y un cuerpo extraño en el cráneo. La metralla le rasgó el alma en una calle cualquiera de mi ciudad. Allí quedaron esparcidos por el suelo los sueños de un mozo llegado de cualquier sitio a tierra de nadie. No consta si su familia pudo velarle. Y desconocemos si aún le sigue esperando. Quizás su hermano mayor le dedicó sus últimos pensamientos al bordear el siglo XXI: “¿Onde estás rapacinho?”. Tal vez hay alguien que todavía le llora y añora.

 

Pero él sigue allí, en la letra U del índice alfabético del Libro de Registro de Defunciones del año 1938 del Hospital General de Valencia. Delante de un hombre sin habla de 25 años y detrás de otro militar sin habla.  Apenas tres o cuatro apellidos se asoman en el listado: Urda, Utrillas, Urios… Me tropecé con este documento cuando andaba buscando la pista del posible pariente de un colega vizcaíno. No apareció.

El Día del Libro regala historias familiares

 

Me fui del Archivo de la Diputación de Valencia con un par de fotocopias y los pensamientos revueltos. Los genealogistas nos sentimos a veces pescadores expertos, veteranos de la mar, y lanzamos nuestros artilugios convencidos de una captura segura y certera. Pero en realidad nos enfrentamos con un retel sin red. Y muchas veces regresamos con los cestos vacíos y llenos al tiempo de desesperanza.

 

“No sé por dónde seguir. No sé por dónde tirar”. Son muy habituales estos mensajes en los foros y grupos de genealogistas. Repasas y repasas los apuntes. Es por ahí. Sigues la señal. Calle de única dirección. Prosigues el camino. Callejón sin salida. Marcha atrás. Y vuelta a empezar. Tal vez sea tiempo de barbecho. Deja que llegue la primavera de nuevo. Deja que el invierno refresque las neuronas. Quizás entonces aflore algún documento digitalizado desconocido o te encuentres a otro explorador de familias perdidas en la misma senda, en el mismo callejón sin salida. Al menos la fuerza se habrá duplicado y la desesperanza será mejor entendida en compañía.

 

Ajenos a nuestras reflexiones, unos jóvenes comparten café y tertulia a un puñado de kilómetros de aquí. Alternan sorbos y suspiros. “Sí, mi bisabuelo tuvo un hijo en 1916, pero nunca más se supo de él. Desapareció durante la Guerra Civil”.

 

Post Scriptum: La fotografía que encabeza estas líneas, titulada ‘No le des la espalda a la gente’ es obra del fotografo documental Santiago Llobet, quien amablemente nos ha permitido su utilización.


4 Comments

miriam dice:

10/09/2014 at 15:08

y a veces la desesperación de transforma en triunfo 🙂 y con ayuda de los demás en agradecimiento.

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Enrique Boix dice:

10/09/2014 at 15:57

😉

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Fernando dice:

10/09/2014 at 14:18

Amigo Boix: Siempre suelo leer tus artículos, siempre. Interesantes, de temática diversificada con el denominador común de la genealogía. Siempre sorprendiendo como en este artículo. Con prosa cuidada y exposición amena que permite identificarte desde el primer momento con el hecho usual de investigaciones que terminan en esos callejones investigados que no tiene salida. Enhorabuena.
Saludos

Fernando

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Enrique Boix dice:

10/09/2014 at 14:21

Gracias por tu fidelidad, Fernando. Nos vemos pronto en los archivos. Un abrazo.

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