Tus antepasados te están buscando

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Tus antepasados están ahí. Te están buscando. Han llamado más de una vez al timbre y no les has abierto la puerta. Y ya no saben qué hacer para que les hagas caso. Al fin y al cabo, tienes sus ojos, sus manos e incluso ese gesto que dura un nanosegundo y que te une en carne viva a ellos. Ves. Te muerdes el labio. No hay duda. El mismo gesto de tu bisabuelo cuando se quedó con la mirada perdida, sin saber qué hacer ante aquellas raíces secas, ante aquella tierra cuarteada que ya no le daba frutos. Se quedó con el alma y los bolsillos secos. Pero sobrevivió y por eso estás aquí leyendo estas líneas que encontraste casi de rebote en internet. 

 

Sí, lo sé, tú de genealogía no sabes nada, ni de la vida misma, pero mira cómo te desempeñas sin problemas en este mundo que nos contempla. La genealogía no se aprende, se lleva dentro, viene de serie. Con tus genes. Y no sólo con ellos, oye a Mireia, porque quien te acompaña cada día también te regala sus genes, aunque los microscopios digan que no tenéis ni un glóbulo colorado en común. Porque el roce hace el cariño.

 

Incluso tienes parientes lejanos, sangre de tu sangre, que ni te saludan y mira que tu abuela te ha contado mil veces, al calor de la llar, que un hijo del tío Alberto se casó con la prima de su bisabuela María Gracia, sí, hombre, la que fue su madrina de bautismo, y que la pobre enviudó enseguida, porque su marido, qué guapo era el Antonio, murió en la Guerra, no sé si la de Cuba, la de Filipinas o la de Marruecos, pero da lo mismo, ¿me sigues?

 

Te has perdido. Me lo imaginaba. A ver quien es capaz de seguir a la abuela, ¿eh? Nos vamos por las ramas. Los apasionados por la genealogía somos así. Andamos de rama en rama, como jilgueros juguetones, pasando de la ascendencia materna a la paterna, de los linajes costeros a los de alta montaña, de los García-Perez a los Torcuato Miranda de la Ronda del Alma Mía. A veces nos caemos de lo más alto del árbol genealógico y nos damos un hermoso castañazo, de esos de dibujos animados donde brotan muchas estrellas girando alrededor de nuestra lastimada cabeza.

 

A ti la genealogía ni fu ni fa. Ni do, re, mi, fa, sol. No es música de tu gusto. Lo sé. Eso de acumular documentos antiguos es como atesorar enseres viejos, de los que duermen en los trasteros su sueño eterno. Sí, lo sé, qué película, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall. Intérpretes eternos. ¿Qué no hubieras dado por ser el uno o la otra?. Uf, palabras mayores. Historias de película. Sueños de celuloide. En blanco y negro. Sofá, manta y palomitas. Tus bisabuelos también. No, no, no, no digo que a tus bisabuelos les gustaran las palomitas. Ellos no estaban para esos cuentos, pero sus vidas fueron de película. Ah, ¿que no lo sabes? ¿No te ha contado nada tu padre? ¿Ni tu abuela?

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Pues mira que no se jugaron la vida tus bisabuelos. Ahhhh… veo que ya no tienes prisa. Lo que tuvo que hacer el bueno de Antonio para conseguir salir con tu bisabuela María. Salir, salir, no se llamaba así. Que no estaban para perder el tiempo, que la vida apretaba y los noviazgos largos no eran productivos en aquellos años. La de caminatas kilométricas que se empapó en sus alpargatas de careta, cada tarde, cada día, para rondar a la moza. Sí, tu bisabuela no era de las que deslumbraban al personal, no era la Bacall, pero tenía un no sé qué que hacía temblar de emoción a tu bisabuelo. Esos ojos y ese pelo negro los tienes tú. No hay fotos que lo atestigüen. Sólo las palabras de la abuela cuando te vio llegar al mundo: “Es clavado a mi madre”.

 

Sí, vidas de película. Y eso que el celuloide no era un material conocido en las tardes de aquellos sábados, cuando el sol se escondía y los arados paraban de arañar la tierra. Zapeas y miras de perfil cuando se asoman por la tele imágenes de “conflictos bélicos”. “¡Què collons ‘conflictos bélicos’, açò és la guerra, la guerra…!” Así hubiera bramado indignado tu abuelo, que no era un hombre de metáforas ni palabras cumplidoras. Las cosas por su nombre. O tu abuela, que amortajó con sus propias manos a sus padres y a un par de hijos. Personas reales, de verdad, de las que sufren, lloran y anhelan las cosas más sencillas. Anda, cógete un pedazo de pan, ponle un chorrico de aceite de oliva, y paladea. Cierra los ojos. ¿Los ves? ¿Los sientes? Ya han llegado. Están ahí. Déjales pasar. Te acompañarán siempre.

 

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18 Comments

Florencia dice:

04/07/2016 at 14:52

Hola si te interesa realmente te puedo ayudar , de donde sos ? Yo he econtrado todos mis antepasados , yo sola sin ningun familiar q me ayude ! Pero si te te puedo ayudar no dudes en contactarme

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emilia dice:

15/02/2016 at 05:16

que bueno seria entre todos darnos una mano!! ,, a mi familia no le importa un RÁBANO, no ayudan en nada …muy interesante el mundo de nuestros antepasado!! … tengo inquietudes de saber de donde vengo … Escribe aquí…

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Manuela Alves dice:

20/08/2015 at 21:36

Que texto magnifico! Parabéns! Gostaria de o ver publicado no nosso blog com a devida referência.

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Lucy Gonzalez dice:

19/02/2015 at 17:18

Muy buen articulo. Puedo identificarme con lo dicho. Hace unos años, conversando con mi madre, moje un pedazo de queso en el vino tino. Mi madre me miro asombrada y me pregunto: “por que haces eso”, le dije que no sabía porque. Que me gustaba. Ella me dijo. “Eso lo hacía mi abuelita.” Yo no conocí a mi bisabuela, pero hago cosas como ella hacía.

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maria cristina dice:

14/02/2015 at 23:09

INTERESANTE ARTICULO!!! En lo que respecta a mi vida siempre tuve un interes tremendo que me carcome tratando de conocer mis ancestros. Solo se que mi abuelo era de Polonia pero nada mas. Si alguien me puede asesorar acerca de la manera de investigar. Gracias

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Juan dice:

14/02/2015 at 11:11

Hola, creía que esas sensaciones las tenía yo solo y me da hasta miedo compartirlas con nadie, pero veo que por tu escrito sientes algo parecido. A mi me ha ocurrido. Un día estuve varios horas en el archivo donde encontré un interesante expediente matrimonial. Toqué aquel documento de mi antepasado, incluso repasé con el dedo la firma de esa persona que hacía 300 años que firmó aquel escrito. Después de varios días, sin pensar en nada al respecto, tuve una experiencia muy muy curiosa con esa misma persona. Creo que cuando investigamos ellos están ahí esperando que encuentres algo más y que los conozcas. Saludos. Estupendo artículo.

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Enrique Boix dice:

14/02/2015 at 11:14

Gracias Juan por compartir esas sensaciones, que muchas veces son indescriptibles y no encontramos palabras para definirlas.

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nini dice:

12/02/2015 at 10:09

Buenisimo articulo…yo empeze un arbol genealogico en gennom con mi familia para mis hijos ….solo tenia 30 familiares…es sorprendente en 5 años tengo mas de 5 mil personas se creaaron arboles indepenfiente…descubri que mi abuelo paterno era de las canarias se llamaba Guillermo Peña…yo herede su cabello rubio y sus ojos azules no se caso nunca pero mi abuela le dio 16 hijos de los 21 que tuvo …la familia afirma que el abuelo ppueda tener mas de 100 hijos en la ciudad donde vivia El Naranjal …Caracas…mi abuela tambien era hija de canarios..gracias a la genealogia he descubierto historias interesantes de mi familia dignos de una pelicula.

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Enrique Boix dice:

12/02/2015 at 10:12

Sí que es un árbol genealógico frondoso el de su abuelo. Gracias por compartir su historia.

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Enrique Boix dice:

11/02/2015 at 15:01

En el fondo somos unos afortunados por poder recuperar las historias de nuestros antepasados…. Gracias Ángel y Jesús Francisco por vuestros mensajes.

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Jesús Francisco dice:

11/02/2015 at 00:29

Felicidades por este artículo, realmente es fascinante la forma en que describes lo que a muchos nos ha pasado cuando nos iniciamos en éstos menesteres…efectivamente creo que ellos me buscaron más que yo a ellos.

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Ángel Carbonell dice:

10/02/2015 at 22:39

Que bueno Enrique!! Menos mal que al menos nuestros antepasados nos ha elegido a algunos para poder conocerles y así transmitirlo de alguna manera, aunque a nadie de la familia le importe un rábano nuestra historia familiar. Recuerdo lo frustrado que me sentí cuando con toda la ilusión del mundo les hablaba de mis logros cuando empecé con esta pasión nuestra…
En fin espero que mi hija siga con esto, siendo optimista diré en mi defensa que: ¡¡Comparte mis genes y espero que en ellos vaya incluida mi pasión genealógica!! .
Un abrazo monstruo.

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Moni Gilo dice:

10/02/2015 at 21:33

Extraordinario articulo, expresa todo mi sentir, es lo que yo creo, que mis antepasados me han encontrado para averguar su paso poe este mundo, porque a nadie de mi familia le interesa lo más mínimo, no me están ayudando nada

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Enrique Boix dice:

10/02/2015 at 21:36

Los genealogistas somos unos incomprendidos, amiga Moni. 😉

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Roser Sales dice:

10/02/2015 at 21:08

Boníssim el blog i el teu post d’avui… Jo també penso que ells ens cerquen. I, fins i tot, que sovint juguen a amagar-se per, quan estem a punt de deixar-ho córrer, aparèixer en un document mig emborronat, el que estàvem a punt de deixar per a un altre dia. Ja és molt tard, millor plego i segueixo demà… I sense voler llegeixes aquell nom que portaves setmanes cercant. I sembla sentir que et diuen: “Ei, no te’n vagis a dormir encara, que sóc aquí!”… I llavors valen la pena totes les hores dedicades a llegir documents que portaven esperant-nos cents d’anys…

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Enrique Boix dice:

10/02/2015 at 21:12

Gràcies per les teues paraules, Roser. Estic d’acord amb tu en tot el que dius.

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tataranietos dice:

10/02/2015 at 08:56

Qué nivelazo el post de hoy! Y encima salgo mencionada en él… Un gusto leerte como siempre!!!

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Enrique Boix dice:

10/02/2015 at 21:37

Muchas gracias, Mire.

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