¿Por qué no dejas en paz a los muertos?

Por | · · · · | Genealogía doméstica | 9 comentarios en ¿Por qué no dejas en paz a los muertos?

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A este lado del ring, con siglos de experiencia y millones de documentos a sus espaldas, tenemos a Míster Memoria Histórica. Viste calzón largo con grandes bolsillos. Ha cumplido sobradamente con el peso mínimo para la disputa. El público jalea a este primer contendiente, de aspecto recio y sienes plateadas. “¡¡¡Me-mo-ria, me-mo-ria, me-mo-ria…!!!” Los miles de fans, con sus archivadores en el regazo, gritan exaltados. 

 

Se hace el silencio. Habla el speaker: “Desde los angostos valles del Silicio llega ante todos ustedes, reforzado por el apoyo de miles de internautas de todo el mundo, Míster… Míster Derecho al Olvidooooo…”

 

El acabose. El Palacio de Deportes se viene abajo. El segundo púgil, que oculta su rostro bajo una máscara pixelada, es elástico como un chicle Boomer y se presenta con lo puesto. Ni un mísero anagrama, leyenda o tatuaje adorna su cuerpo. Los miles de fans agitan sus pancartas en blanco. Sí, en blanco. “¡Olvido, olvido, olvido…!”

 

En el palco vip presencian el combate con recelo diversos representantes del Poder Establecido. Van armados con gafas negras, celular de última generación y maletín con cerradura electrónica. Ninguno de ellos altera su rictus. ¿A quién apoyan? ¿A quién defienden? ¿Por quién apuestan?

 

Un locutor de Burgos es el único periodista acreditado en el combate que no pertenece a ningún grupo de comunicación. Es el único periodista independiente en diez mil leguas a la redonda. Él tampoco se atreve a hacer cábalas. No tiene claro ganador. Y sufre, porque siente simpatías por ambos luchadores, aunque últimamente Míster Olvido se había puesto un poco pesado, reclamando el borrado de miles de documentos que controlan las huestes de Mr. Memoria Histórica.

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Queda apenas medio minuto para el inicio del combate. Los focos iluminan el ring. El público calla. El locutor de Burgos susurra a sus oyentes desde la cabina radiofónica, situada en el gallinero del Palacio de Deportes. Míster Olvido y Míster Memoria Histórica se dan la mano. El juez se aparta. La tensión es máxima, el público se acurruca en sus asientos, los patrocinadores del…

 

“¿Por qué no dejas en paz a los muertos?”

 

¿Qué ha sido eso? ¿Quién ha dicho eso? El clímax se ha quebrado de golpe. Una niña se encarama al ring y señala con su dedo infantil al fortachón de Memoria Histórica. El público está petrificado. Los representantes del Poder Establecido asoman sus miradas de alarma por los lentes negros. Míster Derecho al Olvido sigue mudo. Esto no lo tenía previsto. En realidad, no tenía nada previsto. Ojito, la niña insiste:

 

“¿Qué te han hecho ellos, eh? ¿A qué viene ahora buscar su rastro? ¿Acaso te lo han pedido?”

 

“Lamentamos informarles que hemos perdido la conexión con el Palacio de Deportes. En cuanto nos sea posible, retomaremos la retransmisión del combate del siglo. Les ofrecemos a continuación unos minutos musicales…”

 

Lo que faltaba. ¿Y ahora qué hago? Suena el teléfono de la mesilla.

 

– ¿Lo has visto?
– ¿El qué?
– El combate, hombre, el combate…
– Sí, sí. Aunque querrás decir el no combate.
– Ya, ya, ¿pero has escuchado lo que ha dicho la niña, no?
– Sí, claro.
– Pues aplícate el cuento, ya me dirás por qué no dejas en paz a los muertos.
– Uf.
– Bueno, te dejo, ya nos vemos mañana.

 

Mi prima de Plasencia es así. Directa. No conoce atajos. Casi diría que es la hermana mayor de la niña del combate, la que señaló con el dedo a Míster Memoria Histórica. Y todo esto me hace pensar.

 

¿Por qué no señaló a Míster Derecho al Olvido? Al fin y al cabo, una cosa es poder borrar tu perfil del Facebook las fotos de tus borracheras y otra muy distinta es pedir que arranquen y destruyan las hojas de los archivos donde salen tus nombres y apellidos. ¿O acaso todo es lo mismo?

 

¿Y si mis abuelos y mis bisabuelos hubieran podido borrar su rastro de los libros parroquiales, de los expedientes de Quintas, de los padrones, de los archivos del Registro Civil? Mal negocio sería ese.

 

¿Borramos el nacimiento de Joaquín Sorolla?

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Los que nos dedicamos con pasión a la búsqueda de retales de vidas ajenas, también nos sentimos muchas veces señalados y aludidos por esa pregunta. “Tío, ¿por qué no dejas en paz a los muertos? Mucha gente no quiere saber nada, es mejor olvidar. Borrón y cuenta nueva”.

 

Y a veces les doy la razón. Pero luego pienso, me doy cuenta de que existo y me digo: ¿Acaso el testimonio de nuestros antepasados no nos ayuda a explicarnos cómo somos y qué hacemos aquí y ahora? ¿Acaso ellos no forman parte de la verdadera historia y han ayudado a construirla con sus sufrimientos y sus alegrías? ¿O nos tenemos que creer siempre la Historia oficial escrita por los poderosos, por los que ganan, por los que tienen más…?

 

¿Acaso alguien conoce algún rey, mandamás, o individuo poderoso que quiera borrar su pasado y desaparecer de los libros de Historia para siempre? Recupero unas palabras que dejó escritas Maria Jesús Llavero, archivera de los juzgados de Lleida en este imprescindible artículo: ‘El dret a l’oblit o la falta de memòria’. Me permito adaptarlas y traducirlas del catalán:

 

“Si todos y cada uno de nosotros pedimos que se borre nuestra huella digital, acabaremos con cualquier posibilidad de recuperar un relato alternativo de la memoria de cómo se vivía en nuestra época. Sobre todo en un mundo en que cada vez más la vida transcurre en la red y la información nos llega en formato digital. Sólo quedará lo que quieran que recordemos quienes ostenten el poder en cada momento. Se puede dar la paradoja de que el inicio de la Sociedad de la Información sea la época en que menos información exista de las personas que la vivieron”. 

 

Date cuenta. Mira. Hoy has sentido, vivido y te han pasado cosas. Mañana, también. Y ayer. De muchas de ellas habrás dado cuenta en esa vida virtual en forma de mensajes, reflexiones o citas programadas en tu agenda. Hasta el saldo de tu cuenta corriente online puede delatar tu estado de ánimo.

 

Unas cuantas imágenes digitales ponen caras y escenario a este día que estás viviendo. Quizás hayas hecho un examen o hayas podido acabar esa novela que llevabas entre manos. No te olvides de ese portfolio donde vuelcas todo tu arte. Y de los besos que te llegan en cada ‘whatsapp’.

 

Porque no estás tú a solas. Están ellos, ella y él, grandes y pequeños. Padres, tíos, vecinos y conocidos. Te alegran y te sacuden el día a partes iguales. Nubes de algodón dulce y nubarrones cargados de rayos y centellas.

 

Juntas un día tras otro y te sale una semana, un mes, medio año, una década, casi media vida y una vida completa. Voilà! Ahí estás tú, en formato analógico y digital. ¿Seguro que quieres borrarlo todo? ¿Lo escrito en tinta y también en código binario? Tendrás que ser valiente y apretar la tecla: ‘Delete’. No habrá marcha atrás. Se acabó. No habrá nada para nadie, no quedará nada, ni rastro. Nadie hablará de ti cuando ya no estés. Todo vacío. Un lienzo en blanco. Un hueco en el aire…

 

“Retomamos la conexión con el Palacio de los Deportes, donde se va a iniciar, por fin y sin interrupciones, la batalla entre Míster Memoria Histórica y Míster Derecho al Olvido. Un interesante cuerpo a cuerpo que miles de seguidors esperaban en las últimas semanas. A nuestro lado tenemos a nuestro comentarista…”

 

¡Plof!

 

Apago la tele. Ya es tarde y estoy cansado. Las reflexiones me agotan. Ya consultaré mañana en internet el resultado del combate. ¿Quién crees que ganará? ¿Memoria histórica? ¿Derecho al olvido? ¿Quedará el asunto en tablas? ¿Por quién apuestas tú?


9 Comments

Roser Sales dice:

06/04/2015 at 01:30

Yo también he oído esa frase y otras similares, Enrique. Pero por muchas veces que la oiga, seguiré apostando siempre por la Memoria Histórica. A menudo tengo la sensación de que hay personas que toman propiedad de sus ancestros. “Ése era mi padre, o mi abuelo…” Y se diría que ese rango les permite impedir que nadie pregunte por ellos. ¿Pero acaso son “más suyos” por ese parentesco que “míos” si son también mis abuelos, bisabuelos, etc?
Pienso que siempre que la información obtenida se trate con respeto, no hay que dejar que esos nombres, todos con una historia personal detrás, caigan en el olvido.
Cuando alguien me dice “deja en paz a los muertos”, me limito a responder que lo que busco no es “el cotilleo del pueblo”, sino procurar que sus descendientes conozcamos todo lo que hicieron para procurarnos un mejor futuro a los que vinimos después. Porque, honestamente, no creo que fuera por diversión que muchos de ellos se rompieron la espalda trabajando en oficios que ahora nos parecerían abusivos. O que cuando emigraban en busca de un buen lugar donde criar a sus hijos lo hicieran como un viaje de placer…
Así que sí, mi pequeño homenaje a todos sus esfuerzos es averiguar de dónde procedían, a qué se dedicaban, cómo eran, qué vicisitudes pasaron…
Y espero que eso haga que, además de que estén en paz, allá donde estén sonrían porque por aquí todavía nos acordamos de ellos, aunque haga mucho que ya no estén entre nosotros.

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Toni P. Graullera dice:

01/04/2015 at 22:35

Pienso que vivimos en una época de demasiada información (justo al contrario que nuestros antepasados y por eso sabemos poco de ellos y rascando un poco solo podemos saber sus datos personales y poco más) y nuestros descendientes en posteriores generaciones tendrán todo lo contrario a nosotros, muchisima información, quizá demasiada, cantidades ingentes de TB. ¿Os imaginais que todos vuestros archivos actuales cotidianos (videos caseros, cumpleaños, viajes…) los vea el tataranieto de tu tataranieto? porque realmente puede llegar a pasar. Lo que no creo es que tengan ganas de visionar miles de horas de video…

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Enrique Boix dice:

02/04/2015 at 18:28

Ojito, Toni, que igual de aquí unos años esos Terabytes de información no servirán de nada porque los sistemas operativos habrán cambiado y no habrá manera de poder leerlos. Sería como querer escuchar ahora los vinilos en un lector de DVD… 😉

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Mercè dice:

01/04/2015 at 15:48

Parafraseando y glosando al poeta podríamOs decir:”quien pierde MemOria, pierde Identidad…”
Y como podríamos cantar a Víctor Jara con su “te recuerdo Amanda…”?
Yo prefiero recordar…

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Ursi Carrascal dice:

01/04/2015 at 15:06

Original y genial como siempre. Me encanta. Felicidades. Me decanto por la memoria: Conocer nos acerca a la verdad, mientras que ocultar puede distorsionarla.

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Enrique Boix dice:

01/04/2015 at 15:12

Gracias por tus palabras, Ursi. La memoria es la clave.

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Rafael A. Delgado Simonet dice:

01/04/2015 at 14:13

Recordar es vivir. Desgraciadamente, muchos de nuestros familiares fallecieron antes de nosotros nacer. Nos emancipa nuestra alma que nunca tuvimos la oportunidad de poder sentarnos en la falta de algunos de nuestros abuelos y recibir ese amor y carino que es tan ominipotente. Ah…si. Pero lo podemos hacer por la historia escrita en los Registtros Parroquiales y Civiles. Hasta veces encontramos alguna informacion en otras fuentes. Que alegria! Que Bendicion!
Ya podemos sentir el calor de ellos. Mientras mas buscamos, mas intensa la alegria y el jubilo de que ya vamos conociendo a nuestros familiares. Y ahi seguimos hasta que llegamos a calles sin salidas. Pero nunca es tarde si la dicha es buena…seguimos buscando y EL nos da la llave para la caja fuerte y seguimos encontrando. Por que? Porque EL nos ha dado parte de la cadena y quiere que conectes tu cadena con EL. Por eso todos disfrutamos de “Muertito Heaven”.

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Francesca Barcons-Puig dice:

01/04/2015 at 13:22

Yo apuesto por Míster Memoria Histórica. ¿Quién es capaz de decir que buscando molestamos a los muertos? ¿Dejar en paz a los muertos? Ya lo hacemos pero, es que esos muertos, en su día, fueron personas vivas y formaban parte de una familia. Todos formamos parte de una familia, todos tenemos nuestra historia familiar y en todas las familias, sin excepción, hay algún episodio triste, algún capítulo negro que, en su momento, se pretendió obviar; quizás algún hecho oculto que, en otro tiempo, resultó vergonzoso para una persona y, de rebote, para su familia. Secretos de familia los hay en todas partes. ¿Quién ha dicho “quiero que me olviden”? No creo que nadie lo haya dicho. Quizás lo habrán dicho otros pero no el interesado. Cuando buscamos datos de nuestros antepasados, no los buscamos para molestarles o para juzgarles. Los buscamos para ubicarlos en nuestro mapa de vida porque forman parte de nuestra existencia y somos lo que somos porqué ellos estuvieron aquí antes que nosotros. Olvidar es cruel.

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Enrique Boix dice:

01/04/2015 at 13:24

Tú lo has dicho muy bien, Francesca. Olvidar es cruel.

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