¿Qué hacemos con los niños en Pascua?

Por | · · · | Genealogía menuda | 1 comentario en ¿Qué hacemos con los niños en Pascua?

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Hojas de Boj, tu página de Historia Familiar, tiene la respuesta a esa pregunta que azota a muchas familias cuando llegan días como estos. Los coles echan el cierre por unos días y nosotros, los adultos, no sabemos qué hacer en Pascua con ellos, con los más menudos de la casa. Y como tampoco se trata de gastarnos el sueldo en cuadernos de vacaciones Santill… ¡eso!, aquí os dejamos un par de ideas.

 

-Oye, ¿pero tú no hablas de genealogía y cosas de muertos?
-Hombre, pocas cosas hay más familiares que la genealogía.
-¿Y ahora te has convertido de repente en un suplemento de ‘Ser Padres’?
-No. No es así. No todos somos padres. Bueno, yo sí. Pero seguro, seguro, seguro que todos hemos sido niños alguna vez, ¿no?
-Ahí me has dado.
-Pues toma nota. Aquí te dejo una ración de genealogía menuda.

 

Para empezar necesitamos una buena dosis de curiosidad. A los niños les sobra, así que cuantos más litros o kilos acumulemos sobre la mesa, mejor que mejor. Sólo necesitas lápiz y papel. Sirve cualquier formato: cuartilla, A4, A3, holandesa, cuadriculado, pautado… Igual que la imaginación, cuanto más grande, mejor y mejor, mucho más dulce y sabroso.

 

Como ves, no son ingredientes difíciles de encontrar. No es menester que acudas a tiendas gourmet o papelerías técnicas. Son cosas que sueles tener a mano en cualquier sitio: en el bolso, en la cocina, en el despacho, en la mochila, en la alacena…

 

-Ya sé por dónde vas.
-¿Ah, sí?
-Sí. Quieres que hagamos un árbol genealógico.
-Mmm… Vas por buen camino.
-¿Y no sería mejor que nos lo dieras ya hecho y nos lo descargamos en PDF?
-Ay, qué cómodos no estamos volviendo, ¿eh?
-Bueno, es que…
-Nada, nada. Papel y lápiz. Como los viejos tiempos. Como nuestros abuelos. Genealogía menuda, doméstica y rústica. Al final el wifi será un bien más preciado que el oro y el oxígeno.

Genealogista rima con trapecista

 

En el fondo se trata de que seamos capaces de acercarnos a nuestros mayores con la ayuda de los más pequeños. Conectar a los que llegaron antes con los que seguirán después. Que marquemos con el lapicero los trazos que nos unen a todos. Que preguntemos y hablemos, con naturalidad. No es necesario apelar a la conexión genética entre unos y otros. No exigimos test de ADN para esta improvisada actividad pascuera. Los modelos familiares cambian. El árbol que dibujemos no tiene por qué ser con sus dos papás, sus cuatro abuelitos, sus ocho bisabuelos… Ni hace falta que nos remontemos al siglo XVIII.

 

Benja y la tita Vir

Si el renacuajo Benjamín que tienes a tu lado, ilusionado con su lápiz en la mano, se siente unido a su tía Virginia, pues adelante, dibujemos el árbol de Benja y la tata Vir. No hace falta ser exquisito, pulcro y científico. Un niño y un lápiz van solos y libres, no necesitan un estricto código de circulación.

 

Acercar nuestros antepasados a los más menudos es una aventura barata y apasionante

 

Saquemos el máximo jugo a nuestra imaginación. Ese árbol genealógico tiene su paisaje. Adorna el entorno del yayo Santiago con el nombre o el dibujo de su pueblo. Y si la tía Asun es farmacéutica, no olvides ponerle al lado una hermosa y brillante cruz verde. Y si la artista menuda quiere poner a sus amigos de clase, adelante. Seguro que tiene más cosas en común con ellos que con su primo segundo Alberto, que sólo ve en veranos sueltos y esporádicos.

 

Cosas que no sabías

Seguro que tú, mi querido ser humano mayor de edad y persona de provecho, que me está leyendo ahora, te darás cuenta de que no sabes tanto de tu familia como pensabas. Que sí, que estabas convencido de que el abuelo Manuel era de la capital de toda la vida, pero ha sido preguntarle a la abuela Amparo y descubrir que no, que nació en un pueblecito menudo de Sierra Espuña.

 

¿Y dónde queda eso? Pues echa mano del sabelotodo del señor Google y lo descubrirás. Seguro que no queda tan lejos. Prepara una maleta pequeña y una muda por si acaso. No hace falta más. Igual hasta da tiempo de ir y volver en el mismo día. Ahora los GPS te guían hasta el más recóndito destino. No hay excusas.

 

Hay rincones por donde no ha pasado el tiempo. Como en Ejulve (Teruel).

Hay rincones por donde no ha pasado el tiempo. Como en Ejulve (Teruel).

 

Ah. Y no te olvides del árbol genealógico que habéis dibujado mano a mano. Porque ahora comienza la segunda parte. Como auténticos investigadores, a lo Indiana o Tadeo Jones, os vais a sumergir en la aventura de descubrir los orígenes del abuelo Manuel. No, no hace falta preguntar el horario del archivo municipal o del parroquial. A saber si existen o hay alguien encargado de eso.

 

Una aventura improvisada

Es todo más sencillo. No importa si los archivos quedaron arrasados o si del casco antiguo apenas quedan dos viviendas bien rehabilitadas y una docena de adosados en la entrada del pueblo. Vamos a caminar a nuestro aire y a seguir jugando con la imaginación. En esta fuente venía el yayo Manuel a refrescarse cuando salía acalorado de la escuela. Seguro que en esta tienda venía su madre a comprarle el fiambre para el bocadillo.  ¿Y dónde jugaría a la pelota? ¡Vamos a buscar el campo!

 

Tal vez no quede nadie que recuerde al abuelo Manuel, pero no cuesta nada preguntar en el bar o a los abueletes que toman el sol en la plaza. ¿Quién sabe qué descubriremos?

 

-¿Manuel? ¿Manuel? Mmm…
-Se debió de ir con sus padres a la capital, antes de la guerra.
-Espera, espera, sí, sí… ya me acuerdo. Manuel, el hijo de la Angustias, la del molino. La Angustias murió después de la guerra, pero siempre hablaba de su hijo. Uf, no han pasao años ni ná… ¿Verdad, Antonio?
-¿Eh? ¿Qué?
-El Antonio está más teniente… Pero sí, el hijo de la Angustias, quién lo iba a decir. ¿Y os quedáis para muchos días?
-No, teníamos pensado volver a la noche.
-Chica, preguntad en la fonda del Laurel, que está muy aseá. La llevan los nietos del Bernardo, que creo que eran parientes lejanos de la Angustias…
-Pues ahora que lo dice, no le digo que no…
-¡¡¡¡Biennnn!!!!

 

 

Lo que dan de sí un lápiz y un papel, ¿verdad?


One Comment

Ursi Carrascal dice:

02/04/2015 at 18:24

Así empecé yo. Creo que por ahí tengo todavía mi hoja cuadriculada. Felicidades Enrique.

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