El tiempo se está comiendo tus recuerdos

Por | · · | Genealogía doméstica | 1 comentario en El tiempo se está comiendo tus recuerdos

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Como un colegial desmayado al salir del cole con una chocolatina en la mano. El tiempo se está merendando tus recuerdos. Andante allegro y voraz. Lo hemos dicho muchas veces. Te despistas un segundo y ¡zas! Un par de años de tu infancia han desaparecido por el sumidero del olvido. Porque somos asi, de carne y hueso, blanditos y débiles. Nuestra osamenta no almacena RAM ni ROM. No circulan por nuestras interioridades megabytes y terabytes, sino plaquetas y hematíes.

 

Cada vez que le das al like o compartes una foto por whatsapp, los pliegues de la memoria se arrugan un poco más. Una sonrisa infantil vuela por las redes al tiempo que una docena de abuelitos empiezan a coleccionar viñetas en blanco. Sonríen ajenos a su desmemoria. O quizás en el fondo sean conscientes y no lo sepamos. Tal vez esa sonrisa sea una manera de plantarle cara al olvido.

 

“Me robarás los recuerdos, cabrón, pero no evitarás que les siga regalando cada día una sonrisa a mis hijos, a mis nietos, a mi cuidadora…”

 

Que no nos podemos quedar con los brazos cruzados y los ojos cerrados. Que es duro, lo sé. Pero cada hojilla que arrancamos del calendario es un pellizco que nos da el destino en los mofletes, para que permanezcamos alerta. ¡En guardia! Porque no es culpa del sistema, del establishment ni de la vida misma. Todo tiene solución menos la muerte. Y al olvido eterno, que es peor que la muerte, se le puede combatir. No necesitamos la espada flamígera del valiente arcángel.

 

No digas que no tienes fuerzas ni centuriones armados para enfrentarte al olvido. Coge un par de cuartillas. Anota, apunta, pregunta e improvisa. A cada renglón que escribas, el enemigo dará un paso atrás. Que no te lo digo yo solo, pregunta por ahí. Tu propia historia es tuya. La de tus padres también es tuya. Y la de tus abuelos, y la de tus hijos. Si me lees ahora, es porque sientes un cosquilleo. Sí, justo ahí. Coge el cazamariposas y lánzate a atrapar recuerdos. Tiende tu infancia al sol, para que brille, para que la saboreen los tuyos.

 

Habla, cuenta, comparte…

Que lo tuyo no es juntar letras en negro sobre blanco, que lo tuyo es hablar y parlotear… Perfecto. No hay problema. Reúne a tu audiencia amada y cercana. Cuéntales, cuéntales cosas, da igual el orden y el concierto. Regala y comparte tus historias de la niñez, de tu adolescencia, de tu cercana juventud. Recolecta también las de tus mayores. Adorna tus palabras con todos los detalles que puedas, cierra los ojos y exprime a fondo tu memoria. Te saldrán rincones y lugares que podrás revivir acompañado de los tuyos. Porque recordar es renacer. Y volver a pasear.

Genealogista rima con trapecista

 

Musas enrabietadas me inspiran ahora en esta mañana de mayo. Vivimos en un mundo de urgencias y preferencias. Primero esto, luego aquello, ahora lo de aquí, luego lo de más allá. Tic, tac, tic, tac… Como el comecocos de los videojuegos, el tiempo sigue a su aire, consumiendo recuerdos en tonos sepias, escurriéndose entre vidas ajenas. Y ya no nos quedan excusas en los bolsillos. Toca pasar a la acción. Hoy. Ahora. Ya.


One Comment

Maria Ysabel dice:

18/05/2015 at 14:05

me encantan las hojas !!!!

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