Aprende genealogía en cinco pasos

Por | · · · · | Divulgación · Genealogía doméstica | 2 comentarios en Aprende genealogía en cinco pasos

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Empieza el curso y aquí te presentamos nuestra receta doméstica para descubrir tu historia familiar, conocer a tus antepasados y aprender a practicar genealogía en uno, dos, tres, cuatro y cinco pasos. Si eres nuevo en esto de buscar ancestros perdidos, aquí tienes las claves fundamentales para empezar tu investigación.

 

No, no esperes una colección de enlaces de internet con gigas y gigas de bases de datos. Esto no es un denso manual al uso. Hablamos del alma de la genealogía. Es nuestra carta de navegación con los cinco puntos cardinales de nuestra particular rosa de los vientos genealógica, para que te dejes acunar hasta donde te lleven tus historias familiares. Somos el viento que sopla, que viene y que va. Empieza a soplar. Zarpamos.

 

1º. Preguntar

Nuestra primera escala. Pregunta a los tuyos y a ti también. Parece obvio, ¿no? ¿Quién soy y de dónde vengo? Preguntar para obtener respuestas. Pero no creáis, a veces los amantes de la genealogía empezamos la casa por el tejado, sobre todo si es la primera vez que nos enfrentamos al apasionante reto de descubrir nuestro origen familiar. Muchas veces la solución a esos misterios de nuestra historia familiar la tiene… ¡nuestra propia familia! Nos enfrascamos en profundas investigaciones en miles de archivos pero la clave la tenemos en casa.

 

Pero es tan difícil pedirle al abuelo que recuerde sus años de combate en aquella guerra fratricida. ¡Y es tan duro sugerirle a tu propio padre que rememore su infancia de orfandad y amargura! Miedo, pudor y silencio. Demasiado silencio. Y apagas la grabadora.

 

Cada vez que transito entre documentos de la Guerra Civil española ando con pies de plomo. No sabes qué mina puede estallar a tus pies. Ni tampoco aciertas a prever el alcance de la metralla de los recuerdos destapados. Es como andar por el antiguo frente de Teruel o por la línea XYZ, buscando las últimas huellas de aquel tío que desapareció o la razón de ese velo de tristeza en las últimas fotos en vida de la abuela. Amor y odio fundido en plomo.

Genealogista rima con trapecista

 

No puedes prever el alcance de la metralla de los recuerdos destapados

 

Y me duele ve que esos aires de venganza y ensañamiento, que desprenden esas hojas mecanografiadas de hace 70 años, todavía se respiren en acalorados debates en hemiciclos y tabernas. Ahora mismo. En tu calle y en la pantalla de tu televisor. ¿Cómo se le puede negar a una anciana el permiso para recuperar los restos sepultados de su padre en una cuneta? ¿No hemos aprendido todavía? Caridad humana, de la buena, es lo que hace falta. Estas cosas me indignan, no lo puedo remediar. Como estudioso de la memoria histórica no entiendo que desde un despacho se niegue, con prepotencia y chulería, el derecho a recuperar tu historia familiar esparcida entre fosas y paredones.

 

Colores y enigmas

El color sepia de esas imágenes esconde un puñado de enigmas. Pero muchos no los descubriremos nunca. Jamás de los jamases. Never. Mai. Jamais. No podremos de ningún modo devolverle el color original a esos retratos de la posguerra. Suelta los pinceles. La cuatricomía no entiende de memoria histórica. Los protagonistas de esas instantáneas añejas se fueron con lo puesto. Y no regresaron. Por mucho que escanees sus fotografías no podrás hacerles volver, para preguntarles, para darles el último adiós.

 

Nadie dijo que investigar tu origen familiar fuera fácil.

Nadie dijo que investigar tu origen familiar fuera fácil.

 

Preguntar no ofende pero remueve las entrañas. A todo aquel que sufrió un trance amargo no le apetece rebobinar. ¿Sólo debemos recordar los días de vino y rosas? ¿Sólo debemos tararear melodías dulzonas y pegajosas?  Las historias familiares están rellenas de cabello de ángel amargo, de momentos difíciles, deseos atragantados, sueños socarrados y cuartillas con manchurrones de tinta.  

 

La vida era eso, como dice mi excompañera de pupitre universitario. Nadie dijo que fuera fácil. Adentrarse en vidas ajenas con la grabadora o la libreta en la mano es una tarea complicada. Ayudan el sentido común y la dulzura. Y una caja de bombones. Abrir la caja de latón de las chocolatinas es como destapar la caja de los ancestros. Te endulzas el paladar y se activa el carrusel de los recuerdos. Y la charla fluye, te olvidas del reloj y de las pilas de la grabadora. “¡Chica, si ya se ha hecho de noche!”.

 

Toma  buena nota de nombres, años y lugares. Los datos son importantes para los pasos posteriores en nuestra investigación genealógica. Pregunta también por las cosas cotidianas. A veces son las que ellos más recuerdan y las que más te acercan a tus mayores. Sus primeros días de escuela, las comidas en familia, aquellas noches frías, esos sobrios convites y celebraciones, aquel amor de verano… Evoca olores y sabores. Hay aromas que se heredan y se transmiten de generación en generación. Descúbrelos y saborealos.

 

 

En la investigación genealógica se disfruta del viaje, estación tras estación, generación tras generación.

En la investigación genealógica se disfruta del viaje, estación tras estación, generación tras generación.

 

Pregunta por aquel tío que marchó a América o aquella pariente lejana que emigró al sur y dejó una larga descendencia por descubrir. Y sigue apuntando nombres, fechas y apellidos. Pregunta en tu casa y en la de tu abuela. Y en la casa de la vecina del abuelo, que aún vive y te ayudará a desempolvar un catálogo de vivencias varias.

 

Pregunta y apunta. No deseches nada. Todo tiene su miga. Cura, sana, mal de rana, lo que no te sirva hoy te servirá mañana. Tal vez hayas encontrado (sin saberlo) la respuesta a un enigma que todavía no te ha asaltado. Los viejos recuerdos también se reciclan como las tejas morunas y sirven para cobijar nuevas vivencias. Aquí no se tira nada. Ni las cáscaras de almendras amargas.

 

Recuerda: pregunta y no te olvides de los bombones ni los pañuelos de papel.

 

Post Scriptum: La segunda ilustración del artículo es una recreación de una fotografía original de Henning Bulka titulada ‘Coffee break’.


2 Comments

Luis Moreno dice:

08/09/2015 at 14:23

Buenos días Enrique.

He de decirte que pensaba que realmente ibas a detallar los cinco pasos…
Así que, tendré que esperar a posteriores entregas.
Muchas gracias por todo y ánimo.

Un saludo.

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Enrique Boix dice:

08/09/2015 at 17:38

Para no perder la tradición (que sufren los quiosqueros de toda España) y ya que empieza el curso he dedicido repartir los cinco pasos en cinco fascículos. 😉

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