¿Quién mató a Mariana Rodríguez?

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No forma parte de ninguna estadística sobre violencia doméstica, de género o machista. Tal vez sea un simple apunte en el índice de mortalidad de Buñol en el siglo XVII, junto a las epidemias, el hambre y los partos prematuros. Son las cosas del crecimiento vegetativo. No tuvo la ‘suerte’ de nacer en el siglo XXI para ser tema de debate de tertulianos, que comentan y mezclan al peso la oleada de refugiados, la violencia sexista, el peinado de Cristiano o los michelines de Terelu.

 

Mariana vivió como hace cuatro siglos y murió como hoy. De haber muerto apenas 30 años antes, los vecinos de la Hoya de Buñol hubieran dicho que su muerte “fue cosa de moros”, que vivían agazapados en los días previos a su expulsión de 1609. No sabemos si la violenta muerte de Mariana, hija de Juan y de Úrsula, fue llorada por todos sus vecinos.

 

Dejó anotado el padre Sebastián Armella que hubo un sospechoso detenido: Jusepe Muñoz. Dicen que la pretendía, que quería casar con ella, y que por eso la mató. Como si los crímenes tuvieran justificación. No hay crimenes pasionales. Hay crímenes a secas. No hay pasión cuando la navaja puede más que un abrazo o un puñado de besos al aire. La violencia es violencia. No le pongan ropajes ni adjetivos pomposos. No sabemos si Jusepe quedó libre de cargos y abandonó el pueblo.

 

 

Transcripción de la muerte de Mariana en los libros parroquiales de Buñol.

Transcripción de la muerte de Mariana en los libros parroquiales de Buñol.

 

La mataron enemigos desconocidos y la lloraron sus hermanos. Desconocemos la edad de Mariana, pero debía de rondar los 20 años, ya que no consta en los bautismos anotados en los libros parroquiales de Buñol desde el año 1620. Sí sabemos que le dio tiempo a disfrutar jugando con su hermana pequeña Feliciana Catalina, que falleció a los tres años de edad, un 6 de abril de 1623. Incluso podemos deducir que alguna de sus sonrisas infantiles se la regaló a su hermano Domingo, cuando casó en Buñol con Ana María Corachán en 1625. Y que mezcló sonrisas y lágrimas al conocer el nacimiento y la temprana muerte de sus sobrinos Juan Vicente y Juan Bautista.

 

No sabemos cómo era Mariana. Si salió a su padre o a su madre. Si tenia genio o era de espíritu tranquilo. Porque nadie anotaba esas cosas en el siglo XVII. ¿O quizás sí y los manuscritos se deshicieron con el paso del tiempo? Sólo sabemos de su existencia porque murió. Y porque aquella anotación en los Quinque Libri me dejó pensativo y ahora te traslado mis sensaciones, tal como salen, tal como afloran.

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La vida es de cristal. Y un zarpazo desalmado te la quiebra en un suspiro. ¿Quién la cubrió de tierra? ¿Quién decidió que se marchitara a golpes? ¿Quién mató a Mariana Rodríguez? No lo sabemos. Tal vez ya no importe. Ha llovido mucho desde entonces. Casi cuatro siglos. Y ya nadie recuerda a Mariana, porque nadie sabe que existió. Sólo tú y yo.


5 Comments

Ursicino Carrascal dice:

15/09/2015 at 08:41

Emocionante como siempre, felicidades.

Y es verdad, la violencia es violencia, y no entiende de nada, ni de sexos, ni de religiones, ni de razas.

Homo homini lupus mal que nos pese

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Rakeira dice:

14/09/2015 at 18:46

¡Gracias, Enrique!… un auténtico placer leer cada una de las hojas de boj… 🙂

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Enrique Boix dice:

14/09/2015 at 19:04

A ti por tu fidelidad.

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Marina Garcia Melian dice:

14/09/2015 at 14:04

Gracias, por tus articulos.
Me maravilla ver que, con unas pocas lineas, puedas recostruir episodios de una vida que fue.

Marina

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Enrique Boix dice:

14/09/2015 at 14:09

Gracias por tus palabras, Marina. La vida es más sencilla de lo que pensamos. Aunque nos empeñemos en complicarla… 😉

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