Suéltate el pelo y pide

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Pide por esa boca. No te avergüences, no tengas pudor alguno. Pide. Golpea la ventanilla o la puerta entreabierta del archivo o del Registro Civil. Toca el timbre y pide. Porque en su mano está darte y tú tienes los brazos abiertos para recibir. Que no te vengan con monsergas. La razón está de tu parte y la burocracia sólo es un pequeño hándicap, que te colocan como felpudo, para que te lo pienses dos veces. Pero sé valiente y pide. Solicita, requiere, demanda, exige, suplica e implora, si es menester. Ya puedes dar el siguiente paso en la búsqueda de tu genealogía.

 

2º. Pedir

Porque los genealogistas, los que andamos de rama en rama de nuestros árboles familiares, somos en el fondo un poco pedigüeños. Y si no nos hacen caso, si no atienden nuestras súplicas en los Archivocs, nos enfadamos, nos quejamos, refunfuñamos, ponemos mala cara 🙁 … y volvemos a pedir. Por insistencia que no sea. Pero tampoco hay que pasarse y pedirle peras al olmo ni barquillos de chocolate al relojero.

 

Cuando empieces en esto te hartarás de rellenar papelillos, hojas de solicitud, impresos de tamaños variados y formularios electrónicos con java o sin javascript. Y recibirás respuestas, positivas y negativas, certificados, cuartillas compulsadas y documentos fotocopiados del derecho y del revés. Y también te toparás con el vacío absoluto, el silencio administrativo, la callada por respuesta, la eterna llamada en espera, el soniquete del teléfono comunicando, peeee, peeee, peeee, peeee… ¿Hay alguien ahí? ¿Oigaaaa? Porque aquí el que calla ni quita ni otorga. Sólo calla. Y te llena de desazón y congoja. Y de mala leche.

 

Porque cuando empiezas a construir tu genealogía, los documentos son como el cemento, que une con firmeza los recuerdos familiares con las vivencias pasadas. Y sin esos papeles que te certifican el dónde, cuándo y porqué de tus orígenes familiares, tu genealogía se derrumba como una torre hecha con lego, tente o exin castillos. El archivo es el Leroy Merlin de los genealogistas. Nos suministra materiales para la construcción y rehabilitación de nuestra memoria histórica.

 

 

Los documentos son el cemento de nuestra genealogía. (Arxiu Diputació de València)

Los documentos son el cemento de nuestra genealogía. (Arxiu Diputació de València)

 

En el anterior capítulo hablábamos de Preguntar. Fuiste a ver a la abuela materna, le preguntaste y te dijo que su padre anduvo por Cuba en misión castrense. Y te quedaste con la curiosidad detrás de la oreja. Las andanzas de tu bisabuelo te esperan enlazadas entre miles de expedientes en el Archivo Militar de Segovia. Buscas la referencia del archivo en Google, llamas y, entonces, con orgullo y satisfacción, pides una copia del expediente del bisabuelo Miguel. Porque quieres saber y así has hecho uso de tu legítimo derecho a recuperar la memoria histórica de tu familia.

El Día del Libro regala historias familiares

 

No tienes tampoco claro cuándo nació tu abuela Asunción y pides su certificado de nacimiento al Registro Civil de Guadalix de los Olmos. Encima te coge el teléfono una nieta de una hermana de Asunción y te resuelve el enigma en un periquete. Y es tan maja, pero tan maja, que te manda escaneada y convertida en PDF la inscripción del nacimiento de la abuela. Y también el certificado de su boda con Anselmo, el boticario de Villar de Sax. Se te enciende la lucecita y pides su expediente universitario a la Escuela de Farmacia y su ficha al Colegio de farmacéuticos de la provincia. Y la suerte y la fuerza te acompañan tanto, que el archivero del Colegio te dice que hay una foto de tu abuelo en la orla de su promoción. Y empiezas a recoger retales sueltos de tu historia familiar gracias a que te atreviste a pedir. Gracias a que superaste el muro de la vergüenza y la timidez.

 

Archivos y Genealogía

Porque de eso se trata, de romper lanzas y escudos, y pedir, pedir con sentido común y la mesura exacta. Sé elegante, amable y conciso. Y no abuses. No eres tú el único que pide. Hay cientos de personas que se dejan los nudillos golpeando las ventanillas de los Archivos, de 10 a 14, sólo mañanas, con cita previa o sin ella, por teléfono o de manera presencial. Nuestras peticiones como cazadores de ancestros se mezclarán con las de familias de otras latitudes que buscan arraigo en nuestra tierra. Con sudor y mucha sangre. Nuestras solicitudes por escrito se cruzarán también con las de funerarios, novios enamorados, padres primerizos y familias en litigio continuo. Rodeados de abogados que vienen y van.

 

En algunas ocasiones los genealogistas indagamos por curiosidad, sin premura, pero también hay quien busca respuesta por una necesidad vital, con urgencia. Y nunca mejor dicho. En la sala de consulta del Archivo de la Diputación Provincial de Valencia, que alberga miles de expedientes de adopción de los últimos cuatro o cinco siglos, escucho de fondo historias que encogen el alma. Mientras reviso censos y padrones del siglo XIX, gentes que acuden por primera vez al archivo preguntan por su propio expediente de adopción.

 

Necesitan saber. Entran con temor a enfrentarse a su propio origen y con miedo a tropezarse de nuevo con un espeso silencio. Rememoran sus años de la infancia a la técnico del archivo, quien les guía entre esos inmensos volúmenes en la búsqueda de la verdad que anhelan. Una anotación, una cuartilla amarillenta, tal vez un nombre o un apellido o un pueblo…. algo que les certifique que existen de verdad y no son hijos del aire

 

Sólo si te atreves a correr el velo y pedir, obtendrás respuesta. Tu genealogía está esperándote en los Archivos. Pero ahora empieza lo bueno. Súbete las mangas y ponte el mono de faena. Recógete la melena y prepárate a disfrutar. Porque ahora te toca dar el tercer paso.

 


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