La genealogía es una madeja enredada

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Nos gustan las metáforas de corte y confección. Retales, pespuntes y ovillos de lana. Porque la vida está llena de costuras y jirones. Y la genealogía, también. La historia de nuestra familia es una madeja enmarañada que hay que desenredar. Con paciencia, mucha paciencia. Vamos caminando estas semanas en el blog por la senda de los fundamentos de la genealogía doméstica y hoy damos el tercer paso. Hemos preguntado, hemos pedido y ahora toca investigar.

 

 

Tenemos sobre la mesa una colección desordenada de respuestas y preguntas pendientes. Un puñado de certificados de nacimiento y defunción. Y a pesar de que estamos apenas en el prólogo, ya se van asomando diversos personajes de nuestra memoria familiar. A unos les ponemos rostro, nombre y apellidos, pero otros son actores secundarios que se esconden todavía tras el telón. Son antepasados con el perfil difuminado. No sabemos todavía cuándo saldrán del banquillo para protagonizar gestas o tragedias.

 

Somos niños con la lupa en la mano que caminan sigilosos. Aquí una huella, allí una fecha, y al volver la esquina, tres caminos que se separan. La cosa se complica. Afortunadamente. Lo hemos dicho y escrito muchas veces. Si la genealogía fuera fácil, sería aburrida. Esto es un juego de niños para renacuajos intrépidos y curiosos. Si la curiosidad no te quema las manos es que estás hecho de cartón piedra.

 

No somos coleccionistas

El genealogista no es un simple coleccionista de ancestros. Si te limitas sin más a pegar en el árbol familiar los cromos de tus parientes cercanos y lejanos, te estás perdiendo lo mejor. Hay que ponerle pasión y rigor al puchero. Y un poco de sal. Porque lo que escuece cura. Y ya creo que te vas a encontrar con capítulos de tu historia familiar espolvoreados con especias amargas. Así que acostúmbrate a los mil sabores y aromas de la genealogía.

 

Porque investigar es confirmar y averiguar por qué tu familia paterna tiene ascendencia nómada, de pueblo en pueblo como los titiriteros, y la de tu abuela materna permaneció en el mismo sitio, casi en la misma plaza, durante los últimos 400 años.

Retales de vidas pasadas - Unas colección de historias familiares salvadas del olvido

 

Investigar es descorrer el velo de los tabúes y cuchicheos, y saber por qué nadie quiere hablar de la tía Virginia. ¿Acaso no tiene derecho a ser recordada? ¿Por qué murió sola y lejos de todos, a cientos de quilómetros de ninguna parte?

 

Investigar es trazar diversas hipótesis sobre ese hecho que marcó la historia de tu familia. ¿Qué sucedió realmente? ¿Cuál fue la causa o la razón para que nada ni nadie volviera a ser igual? ¿Por qué los hermanos dejaron de hablarse? ¿Por qué ese muro de silencio siguió en pie generación tras generación? ¿Acaso no ha llegado la hora de tirarlo abajo? Empieza tú. Sé valiente. ¿O crees que no merece la pena? ¿Tal vez sea peor una montaña de escombros?

 

Investigar es asomarte a la biblioteca y leer alguno de esos estudios de historia local que explican el escenario donde transitaron tus antepasados cuando los franceses andaban por estos lares con Napoleón al frente. Así podrás ponerle el paisaje y contexto histórico adecuados a la línea del tiempo de tu genealogía.

 

Ancestros que vienen y van

Investigar es descubrir a sangre de tu sangre entre los labradores que acudieron a repoblar la ribera del Xúquer tras la expulsión de cientos de familias moriscas. Y pensar que quizás alguno de tus ancestros embarcó con lo puesto rumbo al Magreb.

 

Investigar es repasar, una y otra vez, los libros parroquiales en busca de los hermanos y demás parientes de tu bisabuelo Antonio. Y descubrir nuevos detalles, y emocionarse de nuevo como quien ve Casablanca por quincuagésima vez, esperando con ansia que Ilsa no suba al avión.

 

Investigar es cerrar los ojos, pensar y ponerte en el papel de tu abuelo séptimo, sin facebook ni internet, en penumbra y en siencio, ante los cuerpos inertes y todavía calientes de su esposa y ese recién nacido en un parto angustioso y mortal.

 

Investigar es estar siempre en alerta ante cualquier posible pista o indicio sobre tu historia familiar.

 

Porque investigar tus orígenes familiares supone devolverles la vida a tus antepasados. Eso es algo que no tiene precio y supone tu mayor satisfacción. Ellos y los que vengan te lo agradecerán eternamente. No lo dudes.

 


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