Los sin papeles de Panamá

Por | · · · · | Divulgación · Investigación | 3 comentarios en Los sin papeles de Panamá

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Hubo una época en que los sin papeles eran gentes nacidas en suelo ibérico, de piel clara y cabellos oscuros. Hace poco más de un siglo, los españoles que viajaban a Panamá lo hacían con lo puesto, en persona, incitados por el hambre de verdad, ése que te encoge las entrañas y desnorta los sentidos. A principios del reciente siglo XX, los españoles morían a decenas en las obras del Canal, aplastados o consumidos por el paludismo y otras enfermedades tropicales que asaltaban a los recién llegados de otras latitudes. En aquellos días no había despachos con aire acondicionado y tapicería de cuero para recibir a los descendientes de Pizarro, Magallanes y Jaume I. Hace 100 años no existían sociedades offshore,  o quizás sí pero con otra denominación. Los negocios oscuros mutan de nombre con el paso del tiempo pero su esencia siempre es la misma.

 

¿Y qué tiene que ver la rabiosa actualidad con la genealogía? ¿Qué pintan las andanzas de esas gentes adineradas con las historias familiares de nuestros antepasados? Mucho. La vida es un ciclo que se repite de generación en generación. Cambian los personajes pero los escenarios son los mismos. Es la búsqueda infatigable de El Dorado, de ese reino donde el oro fluye a borbotones. Los unos lo hicieron movidos por el hambre y los otros, los de ahora, azuzados por la codicia, que no sabemos si es presunta.

 

La construcción del Canal de Panamá, hace más de un siglo, atrajo a miles de paisanos y antepasados nuestros al espigado centro del nuevo continente. Nosotros, los españolitos medios, éramos los que acudíamos en masa y nos hacinábamos en las bodegas de los barcos mientras surcábamos el Atlántico. Me crucé con el éxodo de cientos de compatriotas a tierras de Panamá durante la investigación previa a la publicación de mi segundo libro, ‘Memoria de un naufragio’, donde narro la historia de los ocho emigrantes de Enguera que viajaban en el ‘Príncipe de Asturias’, hundido en las costas de Brasil el 5 de marzo de 1916. Murieron casi 500 personas.

 

Mientras hojeaba la prensa valenciana de aquellos años descubrí la odisea de los emigrantes que volvían de Panamá al borde de la muerte. El diario ‘El Pueblo’ recogía en la página 3 de su edición del 22 de febrero de 1909 un par de noticias breves que me llamaron la atención.

 

Cientos de emigrantes españoles regresan de Panamá al borde de la muerte. ('El Pueblo', 22/02/1909)

Decenas de emigrantes españoles regresan de Panamá al borde de la muerte. (‘El Pueblo’, 22/02/1909)

 

Regresan rotos y desengañados, llenos de dolencias  y de miserias. Muchos cayeron en el viaje de ida en manos de las mafias que operaban en aquella época. Los arregladores o ganchos funcionaban con asiduidad en esta primera década del siglo XX. Estos desalmados recorrían los pueblos de media España y les daban todo tipo de facilidades a los jóvenes que querían emigrar. Les tramitaban el pasaje para salir del país, todo ello gravado con sus correspondientes comisiones. Además, les arreglan el hospedaje en las ciudades portuarias. Unas estancias que se prolongaban artificiosamente, con el fin de engordar los bolsillos de estos hombres sin escrúpulos. Se alíaban con consignatarios y hacendados americanos para transportar mano de obra ilegal al otro lado del Atlántico.

Genealogista rima con trapecista

 

El Ministerio de la Gobernación español se había visto obligado meses antes, en noviembre de 1908, a reaccionar y prohibió temporalmente la emigración al Panamá. Quien llegaba al istmo centroamericano en busca de fortuna se encontraba sin más ocupación que trabajar en las obras del Canal. Como destacaba el periódico de Blasco Ibáñez en aquellos primeros días del siglo XX, allí no hay agricultura ni industria y el paludismo hace estragos entre los emigrantes. Las autoridades españolas reconocían que no había convenio internacional alguno respecto de los accidentes de trabajo ocurridos en Panamá. Las compañías que les contrataban se reservaban el libre derecho a despedir a los obreros españoles sin justificación alguna.

 

Fue entonces cuando se dieron los primeros pasos para reglamentar la emigración a América. Los diputados españoles se pusieron las pilas y en la pertinente comisión del Congreso aprobaron que se definiera claramente lo que era emigración individual y colectiva y que el contrato de trabajo figure en el billete del emigrante, entre otros aspectos.

 

Más de 8.000 españoles llegaron a trabajar en la construcción del Canal de Panamá en los primeros años del siglo XX, según reveló un estudio reciente: La participación española en el Canal de Panamá. Historia pasada y presente de la emigración española al Canal de Panamá. Los españoles llegaron a ser la segunda comunidad más numerosa, tras los antillanos y por delante de italianos, colombianos, panameños o franceses. Trabajaban muchas horas sin apenas descansos y en unas condiciones ambientales muy duras. La comida era escasa y de poca calidad. Los emigrantes vivían en barracones con malas condiciones higiénicas y los hospitales no ofrecían un buen trato a los enfermos. Los obreros españoles eran considerados de segunda clase y cobraban menos que los norteamericanos.

 

Tal vez, aquel tío de América del que hablaba tu abuela cuando eras un niño sea ese pariente, del que nadie se acuerda, que marchó a Panamá en busca de un futuro mejor y volvió al borde de la muerte. Si es que regresó. En tus manos está ahora recuperar su historia. ¿Te animas?

 


3 Comments

Estitxu dice:

05/05/2016 at 20:14

Wowwwwww

Esta historia me suena muchísimo… resulta q el abuelo de mi madre, natural de Palencia, despareció en aquellos años, supuestamente para ir a Panamá a trabajar al canal. Una vez estuvimos en la zona,,pero nos dijeron q de allí nadie fue a Panamá. Es un poco misterioso porq al parecer, contaron “q habían formado ” nueva familia allí. Nunca volvió, y la esposa “murió de pena”, dejando 3 hijos varones (mi abuelo, el mediano). Mi madre siempre dice q le encantaría investigar… pero no sabemos cómo hacerlo.

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maria Ysabel Rodriguez Corralejo dice:

06/04/2016 at 12:37

Muy buenos comentarios y me imagino la recopilación histórica de los hechos .saludos desde Uruguay

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Enrique Boix dice:

06/04/2016 at 12:39

Gracias por tus palabras, Ysabel.

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