El penúltimo de Filipinas

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¿Qué vueltas tiene que dar la vida para que mueras olvidado, carcomido por los mosquitos, a 12.000 kilómetros de tu tierra natal? Este pensamiento salió a flote mientras investigábamos por encargo los orígenes de una saga familiar de veterinarios valencianos. La historia nos vino a la memoria hace unos días tras ver el último y doble capítulo de la maravillosa serie ‘Ministerio del Tiempo’, dedicado a los últimos de Filipinas. Hablamos hoy de Germán Romero Aguilar, el penúltimo de Filipinas, una vida marcada por la pasión y el olvido.

 

Nos hemos de remontar a los últimos días de mayo de 1868. Si afinamos el oído distinguimos unos sollozos y un denso olor a animal, a cuadra. Si nos acercamos un poco más vemos a Germán, recién nacido del vientre de su madre, Bernarda Aguilar, en esa casa enorme del número 11 del Carrer del Molí de Alboraya. La vivienda-herrería, situada a dos palmos de la huerta que envuelve la ciudad de València, aún se mantiene en pie.

 

Mientras se repone del parto, el esposo —Bartolomé— atiende a una yegua lastimada. Mateo, el otro hijo del matrimonio, está hipnotizado viendo a su progenitor ejercer de albéitar. Es precisamente el hermano mayor quien seguirá con el oficio familiar en tierras alicantinas y se convertirá, en realidad, en el objetivo de nuestras investigaciones genealógicas. De Germán sólo sabemos que, con 18 años y después de librarse de la mili, seguía viviendo con su madre en Alboraya y se ganaba la vida de albañil. De nuevo tenemos ante nosotros lo que aparenta ser la clásica historia de dos hermanos, el uno que progresa en la vida (Mateo) y el otro que se queda agarrado a las faldas de su madre (Germán). Como casi siempre solemos descubrir al final, no todo es como parece.

 

El caso es que la tradición familiar nos recuerda que, varios años después, alguien llegado de Cuba, le trae al veterinario Mateo Romero recuerdos de parte de su hermano Germán, que anda liado en América defendiendo las últimas colonias españolas. Como tantos otros varones de aquella época, como tantos antepasados nuestros. Otro tío de Cuba en el árbol familiar. Nada novedoso. Además, recordamos, él no es el protagonista de nuestra investigación familiar, es sólo un personaje secundario. Los focos no le señalan.

 

De Cuba a Filipinas

Sin embargo, después de varias semanas de investigaciones en archivos y hemerotecas, un halo de luz nos sitúa a un tal Germán Romero Aguilar en Filipinas, como soldado de segunda en el Batallón de Cazadores expedicionario número 12. Sí, sí, en Filipinas. ¿Será el mismo muchacho que dejamos en casa de su madre tan ricamente? ¿Por qué un supuesto personaje secundario en la historia familiar insiste en llamar nuestra atención? ¿Es acaso el actor secundario que reclama un papel estelar? Así enlazamos este descubrimiento con el poso de la tradición familiar que situaba a Germán en la Guerra de Cuba. Muchos de los que pelearon en la isla caribeña siguieron batallando en el archipiélago asiático, así que las pistas parecen buenas. En este caso, tradición oral y variante documental se cogen de la mano.

El Día del Libro regala historias familiares

 

Según vamos leyendo, la documentación oficial destaca que en septiembre de 1897, Germán fue distinguido, junto a cientos de soldados más, con la cruz de plata del mérito militar con distintivo rojo, por “combatir a los insurrectos en la toma de Noveleta y Cavite Viejo, los días 1 y 2 de abril de dicho 1897”. (Así aparece en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra).

 

En noviembre de 1899 la prensa española y la filipina se hacían eco, tres meses después de que se rindieran los últimos de Filipinas, del secuestro de decenas de soldados españoles a manos de Emilio Aguinaldo (“general y político filipino, uno de los líderes del movimiento independentista de su país”, según la Wikipedia). Entre ellos estaba Germán Romero Aguilar, como soldado del batallón citado anteriormente. Parece ser que los liberaron, según indica el mismo periódico párrafos después. De hecho, incluso la Reina Maria Cristina le dio una medalla a Emilio Aguinaldo por tratar bien a los rehenes españoles.

 

Posteriormente, en septiembre de 1900, Germán Romero Aguilar aparece en un listado de soldados destinados en la antigua colonia que, supuestamente, ya debían de haber regresado a España y cuyas familias parece que seguían cobrando algún tipo de asignación monetaria por sus andanzas militares en ultramar. Las huellas de Germán, el penúltimo de Filipinas, se van difuminando mientras nos preguntábamos qué debió suceder para que el mozo valenciano malgastara su juventud en tan extrañas y lejanas tierras.

 

El crimen de la calle Jabonería de Valencia. (Diario oficial de avisos de Madrid)

El crimen de la calle Jabonería de Valencia. (Diario oficial de avisos de Madrid)

Nuestras investigaciones continúan recuperando el relato vital y profesional del hermano de Germán, que acabó echando raíces en un precioso rincón de la provincia de Alicante.  Pero en la labor de un genealogista nada parece casual. Cada cosa tiene su razón. Todo tiene una explicación. Pero hay que encontrarlas. La lectura de un periódico antiguo vuelve a desconcertar a investigador y clienta. El 23 de noviembre de 1889, la prensa se hace eco del conocido como crimen de la calle Jabonería  de València (carrer de la Saboneria, en valencià). Es una noticia que lo tiene todo: reguero de sangre, violencia, aires de venganza, envoltura amorosa y menesteroso escenario.

 

El argumento es muy sencillo. Un joven, para ganarse unos dineros extra, ejerce de maestro particular de familias humildes. El docente a domicilio se enamora de la hermana del alumno, hijos de una zapatera viuda. Queremos creer que la pasión no debió de crecer en paralelo a la sapiencia del discípulo y el hermano mayor tomó cartas en el asunto. “La xiqueta és molt jove per a aquestes coses”, debió de pensar el hombre de la casa.

 

Así que una noche, al salir de la vivienda de su novia, llamada Carmen Velasco, el profesor particular recibe dos disparos “a boca de jarro” por parte del hermano de la muchacha.  Malherido, el maestro logra sacar un puñal y acuchilla a su agresor, que muere en el acto. El presunto autor del homicidio, que huye del lugar de los hechos, es identificado como… ¡Germán Romero Aguilar! ¿Pura coincidencia? ¿Cuántos Germán Romero Aguilar había por el mundo a finales del siglo XIX? ¿Uno, dos, cien…? La conciencia o la gravedad de las heridas obliga a Germán a entregarse a la policía, que ordena su ingreso en el hospital en calidad de detenido. El relato detallado del suceso lo tenéis en el recorte del ‘Diario oficial de avisos de Madrid?

 

¿Es este Germán Romero Aguilar el mismo Germán Romero Aguilar, de oficio albañil, que vivía con su madre en Alboraya y que aparecerá años después en las Filipinas? Tan sólo media hora de camino a pie separan el lugar del crimen del domicilio de la familia Romero Aguilar. Más de 125 años han transcurrido para que quede algún testigo a quien preguntar. El doctor Salazar debió de jubilarse hace ya unas cuantas décadas. Tan sólo nos quedaba recurrir a los documentos conservados en los archivos.

 

Así es como llevamos a cabo unas entretenidas investigaciones en busca del cadáver de la víctima y del presunto autor de la violenta muerte. En el límite entre Valencia y Almàssera está el barranco del Carraixet. Junto a él se alza la ermita de la Virgen de los Desamparados y el antiguo cementeri dels ajusticiats, donde enterraban a los delincuentes ejecutados y gentes que fallecían sin un duro en el bolsillo. De la cofradía que se hacía cargo de estos menesteres ya hemos contado relatos variados en nuestro blog Hojas de Boj, como el titulado Una boda y seis funerales.

 

Precisamente en los libros que registran todos esos enterramientos encontramos a la víctima del crimen y hermano de la novia de Germán, Francisco Velasco Porcar. Tenía 23 años cuando murió. Fue enterrado el 20 de noviembre de 1889 y falleció “a las ocho y media de la noche de anteayer, en la calle de San Guillem, a causa de lesiones inferidas en reyerta, según testimonio del Juzgado de Instrucción del Distrito de Serranos de esta ciudad”. La calle Sant Guillem hace esquina con la de la Saboneria y era hace un par de décadas una callejuela con viviendas abandonadas y ocupada por traficantes de drogas. Hoy, poco más de 125 años del crimen que cambió la vida de Germán, es una colección de solares mal vallados, a espaldas de una gasolinera.

 

Lugar del crimen de la Jabonería de València, 126 años después. (Google Maps)

Lugar del crimen de la calle Jabonería de València, 126 años después. (Google Maps)

 

Bien, ya tenemos el cuerpo del delito localizado. ¿Y el supuesto autor? Como leímos en los recortes de prensa, parece que se entregó a un guardia municipal y fue atendido en el hospital. En el Archivo de la Diputación de Valencia se conservan los ‘Rebedors de malalts de l’Hospital General’ desde hace varios siglos. Son los libros de registro de entrada de pacientes.

 

Allí miramos los correspondientes a noviembre de 1889 y… ¡Bingo! En la G de Germán (antes se ordenaba a las personas por la inicial del nombre de pila y no por el apellido) encontramos el siguiente ingreso: “Número 2.647. Entrada: 19 noviembre. Nombre: Germán Romero. Estado: Soltero. Edad: 22 años. Padres: Bartolomé y Bernarda Aguilar. Naturaleza: Alboraya. Vecindad: Valencia. Necesitó cirugía para curar de las heridas. Fue dado de alta el 23 de diciembre de 1889, víspera de Nochebuena. Aunque quedó preso y debió de ser conducido a una prisión”.

 

Era él. No hay duda. El hijo de Bartolomé y Bernarda. El albañil convertido en criminal por azares del destino. Aunque le pudo la honradez y se entregó. Germán quedó en manos de la justicia en las Navidades de 1889. Esa pelea cambió su destino. 

 

Quizás para evitar o redimir la condena, Germán se sumó tiempo después a los cientos de soldados que marcharon a Cuba y Filipinas. O tal vez quedó libre de culpa al eximir legítima defensa y se enroló en el Ejército para escapar de las penas. Ya hemos visto que fue condecorado en 1897, apenas ocho años después del crimen, por su participación en la toma de Cavite Viejo y Noveleta, en las Filipinas. Luego estuvo secuestrado por los tagalos entre mayo y septiembre de 1899. Le perdemos la pista en el año 1900 (época en la que murió su madre Bernarda) cuando se le buscaba desde el Ministerio de la Guerra por ignorarse su paradero.

 

La azarosa vida de Germán no puede quedar al margen de nuestras investigaciones genealógicas. Este personaje aparentemente secundario pide a gritos un lugar predominante en la historia familiar de nuestra cliente. Y lo hace más de un siglo después. Debió de permanecer callado más de 120 años hasta que nos vio merodear y nos lanzó un SOS desesperado

 

No nos queda otra opción que recurrir al Ejército, bueno, a los documentos castrenses, queremos decir. Una carta del Archivo General Militar de Segovia nos arroja más luz. Contiene la fotocopia de la única página que se conserva en dicho archivo del expediente de Germán Romero Aguilar. Se trata de una nota fechada el 31 de diciembre de 1902, por la Comisión Liquidadora de Ultramar, donde solicita a diversas capitanías cuantos documentos o antecedentes tengan de Germán Romero Aguilar, soldado del Batallón Expedicionario número 12, “el cual se supone que falleció en el Hospital de Calamba, o en el de Santa Cruz, o al ser trasladado de éste a aquel”, en las Islas Filipinas. Hay otra anotación en dicha hoja, fechada el 7 de enero de 1903, que añade: “no aparece antecedente alguno del soldado que fue del distrito de Filipinas”. ¿Quién lo buscaba en aquellas fechas para que quedara constancia de su desconocido paradero? ¿Quién nos había adelantado la faena hace más de un siglo? ¿Quizás su hermano Mateo? ¿Acaso fue el azar?

 

Detalle de la única hoja del expediente de Germán Romero. (Archivo General Militar de Segovia)

 

Mucha documentación del Ejército español se perdió en Filipinas, así que esta nota de 1902 es la única y más reciente que se conserva de la presencia de Germán en Filipinas. ¿Murió realmente? Es lo más probable. ¿Era el vecino de Alboraya, hermano del veterinario Mateo Romero? Seguramente. Lo que sí sabemos con certeza es que su madre, Bernarda Aguilar, sola y agotada por la pena, falleció en Alboraya el 29 de abril de 1900, a causa de la gripe. Era viuda y había visto morir en vida a dos de sus hijos: Bartolomé y Carlos, en edad infantil. Al tercero no pudo amortajarlo con sus propias manos ni dedicarle un postrero padrenuestro. Germán, el penúltimo de Filipinas, murió en plena juventud, a 12.000 kilómetros de su tierra natal.

 

Post Scriptum: La imagen que encabeza estas líneas es una recreación digital de la fotografía original, obra de F. G. Sicre y que recoge a un grupo de militares españoles en uniforme de campaña, entre 1895 y 1898. (Biblioteca Nacional de España, signatura 17/174/52).


4 Comments

Inma Ratia dice:

28/04/2016 at 16:05

German puedo coincidir con mi bisabuelo, que tambien andó por las mismas batallas en las mismas fechas. mi bisabuelo, quien, por cierto no acabo en filipinas por un crimen pero, segun las malas lenguas familiares, por cosas tambien poco edificantes. tambien obtuvo su medalla.

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HElena Gonzalez dice:

13/04/2016 at 16:46

Bonita historia. Me encantaria tener un ultimo de filiPinas en mi familia. Es una fantasia, que servIria para explicar La razon que me llevo a mi misma a vivir en filipinas, una corta etapa de Mi vida,

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Alma dice:

13/04/2016 at 14:18

Qué gran historia! Me ha encantado. QUé trabajo más emocionante el que desarrolláis, investigando, buscando lo que otros han olvidado. Me encanta conocer la “intrahistoria”, aquellos personajes anonimos de los que se componen los grades acontecimientos y el devenir de nuestro país

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Enrique Boix dice:

13/04/2016 at 14:22

Gracias por tus palabras, Alma. La verdad es que disfruto con este oficio. ?

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