La genealogía empieza por ti

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La genealogía empieza por ti. Sí, por ti mismo, por ti misma. Sé que suena a eslogan patriótico o a la frase de un Coelho de garrafón. Ahí tienes al tío Samuel señalándote con el dedo. Pero es verdad. Tú eres la piedra angular de tu historia familiar. Vaya, ahora sí que parece uno de esos mensajes impresos en las paredes de un coworking de Russafa. Pero es así, tú eres el protagonista, a pesar de que tengas veintipocos años y no sepas dónde ni cuándo nació tu abuela paterna, de la que heredaste el nombre y —quizás— ese genio indomable. O incluso puede que ya estés rozando la jubilación y eches de menos aquellos tiempos bulliciosos en el salón familiar.

 

Si has comenzado este segundo párrafo es que demuestras curiosidad. Y ese es precisamente el ingrediente que necesitas. Te has dejado atrapar por el misterioso origen de tu apellido, al verlo esparcido en esos mapas que encontraste en internet. Te has preguntado también si todos esos Jarques o Baixauli repartidos desde el Finisterre hasta el Carraixet compartirán ADN y un pasado común. Has paladeado los primeros sabores de la genealogía doméstica.

 

Pero ahora no sabes qué hacer. Estás en un cruce de caminos y dudas. En realidad, puede que no tengas siquiera una senda frente a ti y todo te parezca un oceano infinito enmarcado por una fina línea horizontal. Abandonemos la prosa metafórica y atrapemos esos pensamientos flotantes. Pongámonos manos a la obra. Sí, hoy es el día. Ya lo dijo Bertrand Tavernier: Hoy empieza todo.

A por tu certificado de nacimiento

¿Ya tienes tu certificado de nacimiento? ¿Y la partida de bautismo? ¿No? Pero sabrás al menos dónde y cuándo naciste. ¿Que no tienes muy claro qué son esos papeles? Cuando naciste, tu padre —o aquella tía en delantal que siempre te besuqueaba cuando visitabas el pueblo— acudió al Registro Civil a inscribirte. Alli dio cuenta de tu nombre, los de tus padres y los de tus abuelos. Puede que de estos cuatro últimos acertara la mitad. Tal vez incluso, a los pocos días, lloraste a lágrima viva cuando aquel individuo de túnicas blancas te arrojó agua por la cabeza mientras alguien sostenía a tu vera un cirio. Bonita manera de darte la bienvenida al mundo, por Dios. Nunca mejor dicho.

 

De esta manera llegaste al mundo por la vía administrativa. Tu nombre quedó anotado a mano en los libros parroquiales y en un tomo de la Primera Sección de un Registro Civil. Y ahora toca obtener una copia de esos documentos. La información que contienen esos papeles te servirán para empezar la investigación de tus orígenes familiares. Porque la cosa ésta de la genealogía trata de ir paso a paso, a poc a poc. Casi como un detective o un científico, hasta dar con la clave o la tecla adecuadas. La cosa va de ir persiguiendo pistas y resolviendo enigmas. Lo de las caras de Bélmez y el carota del Iker Jiménez es pecata minuta comparado con la investigación genealógica. Te lo digo con conocimiento de causa. Ahora empieza por ti.

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Bien. Tenemos claro lo que queremos, el porqué y dónde se encuentra. Ahora nos falta averiguar cómo hacernos con EL DOCUMENTO. Si eres de pueblo, naciste y sigues viviendo en él, acércate en persona al Ayuntamiento o al Juzgado de Paz, que es donde se encuentra el Registro Civil, y pide una copia.

 

—Ya me has liado. ¿Voy al Registro Civil o al Juzgado de Paz?
—Bueno, en realidad el Registro Civil está en el Juzgado de Paz. Y en los pueblos pequeños, el Juzgado de Paz suele estar en las dependencias municipales. Puede incluso que el encargado del Juzgado sea el mismo que atiende en la ventanilla del Ayuntamiento.
—¿Y si vivo ahora a tres horas en coche de donde nací?
—Ay, siempre negativo, nunca positivo. Puedes hacer la petición por teléfono o por correo electrónico. Recomiendo llamar por teléfono siempre.
—¿Y dónde consigo el teléfono del Juzgado de Paz?
—Vamos a ver, alma de Dios, ¿eres capaz de descargarte la discografía completa de los Fresones Rebeldes en mp3 y no sabes cómo encontrar el teléfono de un ayuntamiento?. Precisamente para estas cosas inventaron Google.

 

Aquí va el primer consejo. Fundamental. Incluso voy a ponerle un recuadro para que quede aseado y bien destacado:

 


Solicita siempre un certificado LITERAL de nacimiento. Nunca un extracto, siempre LITERAL.

 

Como su mismo nombre indica, la copia literal es la fotocopia tal cual de las hojas del libro donde te escribieron. Repito. Certificado literal de nacimiento. Si te hace gozo, lo puedes solicitar en cualquiera de los idiomas cooficiales de este santo país. Pero —recuerda bien— se trata de una fotocopia, por lo que seguramente tu nacimiento esté escrito en castellano. Un extracto es eso, un extracto, donde el funcionario te escribe a máquina los datos básicos de tu nacimiento. Pero lo que mola es tener una fotocopia de tu inscripción, con toda la información disponible.

 

—¿Y los que vivimos en la capital o en las grandes ciudades?
—En este caso, olvídate del Ayuntamiento. El Registro Civil estará en los Juzgados. Puede que incluso disponga de edificio propio o lo comparta con algún Juzgado de Primera Instancia. Tienes dos opciones, acercarte en persona o pedirlo por internet.
—¿Y si llamo por teléfono?
—¿Has oído eso de la lentitud de la Justicia? ¿Y de la falta de medios? ¿Sí? Pues no llames por teléfono. La experiencia me dice que en los juzgados grandes es mejor abstenerse de las consultas telefónicas. Opta por la vía internetera.

 

Si dispones del DNI-e con su lector o un certificado electrónico, puedes pedirlo directamente a través de internet, descargártelo e imprimirtelo en tu propia impresora. Sí, en serio. Pero, ojito, sólo podrás descargarte al momento tu propio certificado, el que hay asociado a tu DNI-e, no el de tu madre, tu hermano o la vecina del quinto. Si no tienes tu DNI electrónico, puedes pedirlo de igual manera y que te lo envíen a casa.

 

El enlace, el link, la url, por fa, por fi, please… Aquí los tienes:

 

Tramitar por internet sin certificado digital  Solicitar

 

Tramitar por internet con certificado digital  Solicitar

 

Verás que es más fácil que reservar un avión en una compañía low cost. Navega por los menús desplegables hasta que localices el Registro Civil de tu ciudad. Lo rellenas y lo mandas. Seguro que no sabrás el tomo ni el folio de tu inscripción, así que le endosas un par de ceros en cada campo y arreglado. Que nada ni nadie te impida saberlo todo de ti mismo.

 

Cuando lo tengas en la manos repásalo de arriba a abajo, de izquierda a derecha, y comprueba cuánto hay de ese documento que desconocías. ¿Y ahora qué puedes hacer? Prueba a pedir el certificado de nacimiento de tus padres y los de tus cuatro abuelos. Anda, anímate. Te lo dejo como deberes y la semana que viene hablamos. ¿Te parece?


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