Las caras ocultas de la memoria

Por | · · · | Divulgación · Investigación | 1 comentario en Las caras ocultas de la memoria

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Los documentos históricos son espejos donde nos reconocemos a través del reflejo de nuestros antepasados. Muchas veces son un ventanuco por donde asomarnos y vislumbrar la cara oculta de la memoria familiar, el reverso de lo que nos han contado al calor de la lumbre o en la mesa camilla. Así descubrimos escenarios habitados por gentes que sobreviven al margen de la ley o castigados por ella. Son lugares pintados en escala de grises, donde la policromía quedó carcomida por la acidez de la cruda realidad.

 

Me topé de bruces con estas prostitutas de Barcelona mientras andaba rebuscando entre los fondos más recientes del Archivo de la Corona de Aragón. Son hijas y —tal vez— madres de una genealogía proscrita, escrita en las columnas de sucesos y las paredes de las celdas. Sus apellidos no aparecen glosados en libros de armas, sino en los ficheros de cárceles y cuartelillos, a pesar de que fueron testigos de los estertores del siglo XIX.

 

Alguna debió de compartir achuchones y confidencias con nuestros antepasados, entre sábanas de lienzo y colchas de percal. Pero su huella se perdió entre las sombras de nuestro árbol genealógico. Y quedó marcada como la otra o —simplemente— esa, esa oscura clavellina que va de esquina en esquina, volviendo atrás la cabeza.

 

Fichas policiales

Este catálogo de miradas archivadas dormía en un álbum de fotografías del Gabinete Antropométrico del Gobierno Civil de Barcelona, datado en 1895. Unas cuantas están catalogadas como ‘tomadoras del gato’, una concepción añeja de amante de lo ajeno. Casi todas alternan sus labores de modista o ama de casa con el comercio de su propio cuerpo.

 

La más joven es Nieves, con sólo 17 años, y su mirada todavía sana y robusta. La ficha destaca el “tono marrón claro” de sus ojos y el color “blanco y rosado” de su tez. Un marcado acento catalán nace de su “boca de labios gruesos y ángulos elevados”. La anotación de sus “pechos caídos” y la descripción de varias cicatrices en los distintos recodos de su cuerpo delata que quedaron desnudas ante el funcionario policial de turno, que quizás salivó ante aquellas carnes gastadas.

Puntos de venta en Enguera de 'Memoria de un naufragio'

 

El estado civil de estas féminas que transitan entre los márgenes de la historia siempre es presunto, ya que no hay papeles que lo demuestren. El más común es de “soltera-prostituta”, tal cual está escrito. Y el aspecto general es “el propio de su clase de vida”.

 

Josefa tiene 18 años y luce un moño recogido. Posó con una blusa de motivos estampados y un pañuelo oscuro al cuello el 3 de septiembre de 1895. Es curioso cómo el escribano detalla que su ceja derecha es recta y la izquierda algo arqueada. Toda seña debe quedar bien anotada, para cuando vuelta otro cliente a quejarse de ella por el pago de la compraventa de su sexo. Le delata un lunar junto a su pecho.

 

Teresa, barcelonesa nacida en el barrio de Gracia, no aparenta 22 años. Perdió su juventud encadenando jornadas en una fábrica y se tatuó el brazo con dos misteriosos juegos de iniciales: “T. M. P.” y “J. B. G.” Quizás se escondan en ellas los nombres de sus padres. Tal vez. Nadie se tomó en serio su vida para rememorarla años después. Las páginas de su biografía quedaron marcadas con tachones y manchurrones de tinta estampados sobre renglones torcidos. Como ayer, como ahora. como siempre, ellas son las caras ocultas de la memoria.

 

Fichas policiales de prostitutas de Barcelona en el año 1895.

Fichas policiales de prostitutas de Barcelona en el año 1895. (Archivo Corona Aragón)


One Comment

Martha E Gomez dice:

25/05/2016 at 16:20

Tienes razon, muchas veces no sabemos nada de eLlas por pena quizás ocultan sus historias, pero me agrada saber que no hay nada oculto bajo el sol y que quien busca encuentra. Son tan valiosas ellas como cualquier otro miembro de nuestra familia y nosotros no somos nadie para juzgar. Muchas gracias por compartir esto con nosotros.

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