Pólvora, sangre y chocolate

Inés se sentó, quedó un rato en penumbra, arrimada al brasero, y cerró los ojos. «Ai, Pep, què farem?». Se encomendó al recuerdo de José García Sans, su marido. Echaba de menos en esa casa a oscuras el aroma a cacao. Mi abuela cuarta Inés Lliso Gurrea se había casado en Llombay en 1822 con […]