Nichos del cementerio de Valencia. Monólogo de un antepasado olvidado por su familia.

Monólogo de un olvidado

Aquí yazco. En el número 2.458. Desde mi atalaya eterna sólo veo el estrecho perfil de los cipreses. De vez en cuando el sol rasca mi lápida difuminada. Cada vez pierdo más letras. Ya no recuerdo quien soy. Y lo que es peor, ellos tampoco me recuerdan. Dejaron de venir hace un par de décadas.

Por ti, por mí, por vosotros

«Dona’m la ma» («Dame la mano»). Unas palabras, un gesto paternal que heredamos de niños, transmitimos a nuestros hijos y devolvemos luego a nuestros padres. Sin darnos cuenta, sin ser conscientes. Tras media vida poniendo orden en nuestra habitación ahora andan ellos con la memoria desordenada. Sus recuerdos han quedado desperdigados como las cuentas de […]

Nuestras intenciones

Cuando la memoria se cuartea y acaba por quebrarse, nos resulta luego imposible recomponerla a su estado original. Nos quedamos entonces con un puñado de recuerdos desordenados en la mano. Son retazos entremezclados, del ayer y del anteayer, en el límite de lo real y lo imaginado, lo soñado, lo deseado… A veces, cuando las […]